AMOR CONSCIENTE – Alfredo De Sanjuan

 

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Ahora quisiera tocar el tema del “Amor mecánico” y del “Amor consciente”, situaciones que al igual que la observación de sí, la identificación de los yoes, el estado de perdón, el estado de oración, la meditación objetiva y la no identificación, se constituyen como un conocimiento básico para la liberación del espíritu y el combate permanente contra el mundo externo que no ceja en intentar de atraparnos.

Es indiscutible que desde el punto de vista mecánico, quien se encuentra en el conocimiento del Cuarto Camino y lo aplica a sí mismo de forma sincera e intensa, se torne en apariencia, en una persona prepotente, arrogante e insensible, lo cual es totalmente falso, pues al obtener fortaleza, paz y tranquilidad interior, se le puede hacer frente a la vida y superar cualquier adversidad, por más dura que parezca, lo que desde la mecanicidad, no es factible por el estado hipnótico en que vive la mayoría de la gente.

Uno de esos estados, es precisamente el llamado “amor mecánico”.

Partiendo de la premisa que una de las cualidades del espíritu, es precisamente el amor, es menester comprender, que por más despiadado que parezca lo que nosotros conocemos como amor, no existe, no es amor, sino un simple reflejo del condicionamiento de los yoes al mundo exterior, es decir, son yoes de “amor”.

En el amor mecánico, nosotros nos basamos en todos los campos, amor de pareja, amor a los hijos, a los padres, a los hermanos, en una cosa que sólo mediante la observación de sí, es posible detectar y que es nada más ni nada menos que ¡SORPRESA!: EGOISMO PURO.

Se preguntarán lógicamente, el porque digo que se trata de egoísmo, y la lógica nos lleva a pensar que amamos:

A nuestros hijos y a nuestra pareja y no queremos que sufran, porque en realidad y en el fondo no queremos sufrir nosotros.

A nuestra pareja, porque nos dejamos hipnotizar por estupideces tales como el dinero, la posición económica, el talento, el glamour, la apariencia física y muchas idioteces mecánicas que también en el fondo, nos hacen pensar que tal o cual persona debido a una serie de requisitos mundanos, “si nos merece” o “no nos merece”, o el clásico, ¿Cómo no me voy a casar con fulanita o con sutanito? ¡Sí tiene buen trabajo, dinero, buen coche, buena familia y aparte está guapísima o guapísimo?

Esto no es otra cosa que vivir atrapado en el mundo externo, es decir, no podemos ser felices, porque dicha felicidad, la basamos en una dependencia, ya sea de la pareja o de los hijos, de los padres, de los hermanos y a veces hasta de los amigos.

No, en el amor consciente la felicidad depende única y exclusivamente de uno mismo y pues quien ama conscientemente, no depende de nada ni de nadie del mundo exterior para amar, es decir, que mediante el desarrollo espiritual, a través de la observación de sí, la identificación de los yoes, el estado de perdón, el estado de oración, la meditación objetiva y la no identificación, llegamos a la comprensión de que pase lo que les pase a los seres amados, sea lo que sea, no dependemos de ellos para ser felices y por tanto no los necesitamos para lograr la paz interior, lo que a su vez nos lleva a estar preparados para sacarlos adelante y no importa que nos griten, se enojen con nosotros, los seguiremos amando, en un estado hermoso e inigualable del espíritu.

Con ello cumplimos con lo dicho, por Jesús al manifestar “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pues es claro que si nosotros no sentimos el amor consciente y no nos amamos de esta forma, es más que imposible que amemos a nadie más y es por ello que constantemente y en una frase muy mecánica se dice “Quien nunca ha sufrido, nunca ha amado” o la de “El que ama debe sufrir”.

Esto último no es otra cosa que el amor mecánico.

Si logramos llegar a ese estado del amor consciente, (Estado natural de la Esencia) es obvio que cumpliremos con el otro gran mandamiento de Jesús, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, que sería tanto como decir “SED CONSCIENTES LOS UNOS CON LOS OTROS, COMO YO HE SIDO CONSCIENTE CON USTEDES” y se aplica de forma inmediata el otro mandamiento que dice “Amarás a Dios por sobre todas las cosas”, pues al ser el espíritu el que ama y siendo éste parte de Dios mismo, (en una frecuencia vibratoria mucho menor) inmediatamente estaremos amándolo por sobre todas las cosas. (incrementando en consecuencia nuestra frecuencia vibratoria).

No obstante ello, resulta obvio que mientras más se profundiza en el conocimiento que permite la libertad y la paz del espíritu, la lucha contra el gran monstruo llamado mecanicidad, se hace más encarnizada, ya que su poder de hipnosis es tal que busca por todos los medios hacernos caer de nuevo en sus garras, comprarnos con sus fatídicas “Treinta monedas de Plata”, sin embargo, si se trabaja cada día le será más difícil atraparnos, pues ya se tienen las armas para nuestra defensa interior.

Por ello al hablar del amor se debe ser muy cuidadoso, pues visto que hablar de algo que ni siquiera conocemos es a todas luces una de las mentiras más frecuentes en las que incurrimos los seres humanos.

Con amor para mis semejantes.

Alfredo De Sanjuan
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  1. Guadalupe Ceceña Mazcorro

    Ante todo, gracias por su dedicación a este blog, y por sus sinceras aportaciones, y yo quiero también si lo permite dejar unas palabras, ante todo. El Amor es cohesión, te amo, te dejo SER, estoy contigo, si lo necesitas, lo pides y puedo, te apoyo, eso es cohesión. luego, G. también nos indica como parte del Trabajo, la consideración Exterior, no la consideración interior. la consideración exterior habla de cortesía, de consideración, de respeto, habla de modales cordiales, pues uno no está para corregir al otro, y hacerle sentir mal, uno está para compartir la enseñanza, la actitud que tengan los otros es otro asunto, uno tiene que cuidar mucho la consideración exterior.

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