Atención – Deseo – Voluntad – Thomas de Hartmann

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thomas de h¿Cómo perciben ustedes un objeto? ¿Por qué ese objeto en particular entre tantos otros? Algo nos conecta a nosotros con ese objeto, y no con los otros objetos. Ese objeto atrae nuestra atención. Prestamos atención a ese objeto. Atrae nuestra atención a través de uno de nuestros sentidos: ojos, oídos, nariz, y los demás. Nuestro ojo, oído o nariz presta nuestra atención a ese objeto. Nuestros deseos están conectados con el objeto de alguna manera. Queremos tenerlo; o queremos evitarlo; o queremos mirarlo más que lo que queremos mirar cualquier otro objeto.

Esta mañana vi un perro con dos pequeños muchachos. La totalidad de su atención estaba pegada a sus dos amos, vigilando para ver lo que ellos harían, hacia dónde irían, para poder seguirlos y estar con ellos. No tenía atención para nada más. Y su atención continuaba estando concentrada sobre los dos muchachos tanto como pude observar. Éste es por cierto un grado superior de atención, a pesar de que sólo es atención animal, es mucho más fuerte que la que tienen los humanos.

Ahora llegamos al deseo. El deseo es sólo, por así decirlo, un punto en el espacio. Si solamente deseamos un objeto, nunca lo tendremos. Para poder poseerlo, debemos comenzar a movernos hacia él. Este movimiento es el comienzo de la voluntad. Si el deseo es un “punto”, este tipo de voluntad genera una “línea”, moviéndose hacia el objeto, con la intención de poseerlo, o de identificarse con él.

En cada nivel del universo existen grados de voluntad. El hierro y la piedra imantada representan la voluntad puramente mecánica, el hierro también se mueve hacia un objetivo. El gusano se mueve a lo largo de la hoja si quiere comerla. En el caso del perro, algunas veces desea tan fuertemente estar con su amo que, cuando el amo fallece, el perro se echa junto a su tumba y permanece ahí hasta que muere. Éste es ya un grado muy alto de voluntad, aun y cuando sólo sea una voluntad animal. Pocos humanos la logran.

Ciertamente existe una atención, y una voluntad, en los objetos externos. Un objeto nos atrae; nosotros no atraemos al objeto. Los objetos nos gobiernan desde el exterior. Ellos hacen que nosotros hagamos todo tipo de cosas. No es la dama la que compra el sombrero, sino el sombrero es el que compra a la dama. El hombre no fuma el cigarro; el cigarro se fuma al hombre, como decía el Sr. Gurdjieff.

La atención y la voluntad generada por los objetos externos, a través de los sentidos, no es de nuestra propiedad. Son parte del mecanismo de la Naturaleza. La Naturaleza trabaja sobre nosotros. Nosotros no conquistamos la Naturaleza; la Naturaleza nos conquista a nosotros. La atención y la voluntad conectadas con los sentidos físicos y con los objetos externos no son de nuestra propiedad. Esa voluntad no es libre, sino que responde al llamado de cada objeto exterior.

Pero existe otra Atención, y otra Voluntad (con mayúscula). El hombre tiene dos naturalezas, una inferior, y una superior. La naturaleza inferior es parecida a la del animal, quizás más sutil y compleja, pero casi siempre trabaja de la misma manera. La naturaleza superior es la única real. Ésta es incompleta, pero capaz de crecer dentro de un hombre completo.

Para la naturaleza superior, existe otra Atención y otra Voluntad, que no nace fuera de nosotros, sino que nace en nosotros. Esta Atención es el comienzo de la Consciencia Real; y su Voluntad es el comienzo de la Libre Voluntad. Con esta Atención podemos observarnos a nosotros mismos; con esta Atención, podemos recordarnos a nosotros mismos. Con esta Voluntad podemos hacer los esfuerzos para alcanzar nuestra meta más grande: completarnos a nosotros mismos.

Pero debemos realmente “poseerlas”. El conocimiento no es bastante. Es bueno y necesario, por cierto, pero por sí mismo no cambiará nada en nosotros. La comprensión es necesaria. Debemos tener un nuevo conocimiento, por ejemplo, para lograr saber qué puede ser deseado. Pero a menos que actualmente lo deseemos, no tendremos oportunidad de lograr nada. Y el solo deseo, no es bastante. Podemos desear por siempre, pero a menos que nos movamos hacia lo que nosotros deseamos nunca lo obtendremos. Debemos tener la determinación.

Pero nosotros no “tenemos” bastante Voluntad. Y tampoco “tenemos” mucha Atención. Así que debemos incrementarlas lo mejor que podamos. Y la única manera de incrementarlas es ejecutando el tipo correcto de esfuerzos. Sin esfuerzos, nada puede incrementarse. Pero si conducimos toda nuestra Atención, toda nuestra Voluntad, y todos nuestros Esfuerzos, hacia nuestra gran meta, poco a poco, parecidos al gusano, nos aproximaremos a ella: al gran objetivo o meta.

Thomas de Hartmann

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