CAPITULO I – LA FRONTERA (ALFREDO DE SANJUAN)

LA FRONTERA- ALFREDO DE SANJUANEra una tarde lluviosa de verano, Lázaro se encontraba tendido en el sofá de la sala de su departamento y se encontraba dispuesto a hacer lo que la ansiedad y la adicción que se había generado en él, le reclamaba a gritos.

 

Con una liga, comprimió su brazo a la altura del bíceps, para que la ya dañada vena resaltara y fuera posible la aplicación de la inyección de heroína que ya se encontraba preparada en la no pocas veces usada jeringa que tenía en la mesita de centro.

 

Con los ojos vidriosos y la boca seca, Lázaro tembloroso, tomó la jeringa con su mano derecha y clavó sin mucho tino la aguja, oprimió el émbolo y dejó fluir dentro de su cuerpo la fatídica sustancia.

 

De nuevo Lázaro sintió como si cayera en un sueño profundo, mucho más profundo de aquel que normalmente sentía por efectos de la droga, la que al empezar a cumplir con su cometido, incrementó el griterío interior que lo torturaba.

 

Alucinaciones de la más diversa índole invadieron su conciencia, anulando cualquier sentido de existencia real que le pudiera quedar, llevándolo a un estado de euforia desenfrenado que concluyó con lo que el creyó era una explosión luminosa que lo cegó por un momento perdiendo por completo la noción del tiempo, hasta que paulatinamente ese estado se transformó, primero en un terror impresionante en el que aparecían figuras imaginarias y por último, al cesar el trabajo de la droga, en una depresión profunda.

 

El insistente sonar del timbre, hizo que Lázaro reaccionara lentamente, como si despertara de un largo sueño, lo escuchó y se percató que alguien estaba tras la puerta de su lujoso apartamento.

 

Se levantó con pesadez del sofá, tomó su bata de seda y se encaminó a la puerta, la abrió. Era su único amigo, Emanuel, quien al verlo es ese estado día con día, procuraba cuidarlo pues temía que algún día se quitara la vida o que fuera víctima de una sobredosis.

 

  • ¡Por Dios Lázaro! ¿Lo volviste a hacer?

 

  • ¿Hacer que Emanuel? ¿Hacer que? – respondió alterado Lázaro.

 

  • Volverte a drogar, mira como estás, vete al espejo, das la apariencia de un muerto, de un cadáver viviente…y…ufff…vaya que huele feo aquí…

 

  • Ya cállate, siempre me vienes a fastidiar con tus sermones…primero Sara y ahora tú…

 

  • Discúlpame Lázaro, no fue mi intención molestarte, sucede solo que eres mi amigo y no me gusta verte así.

 

  • Bueno pues si no te gusta…ya sabes, puedes irte mucho al Diablo…

 

  • ¿Al Diablo dices? Pues si ya lo tengo enfrente de mí, no debo ir más lejos…Amigo ¿Qué no te das cuenta que te estás destruyendo?

 

  • Y eso a ti que ¿Qué te puede importar?

 

  • Mucho más de lo que te imaginas, ya que estás a punto de darte cuenta que has tocado fondo y que ese puede ser el comienzo…

 

  • ¡El comienzo! ¡¿El comienzo de que?! – interrumpió abruptamente Lázaro – siempre con todas tus tonterías ¿Qué no te has visto tú?

 

  • Claro Lázaro – respondió con tranquilidad Emanuel – claro que me he visto y es por ello que te lo digo, porque ya sé por lo que estás pasando, y sé que estás cerca…muy cerca…

 

  • ¿Cerca de qué? Siempre con tus misterios, con tus aforismos y tus metáforas…

 

  • No lo serán en cuanto formes los oídos para comprenderlas, pero bueno, por ahora lo que importa es que te des un buen baño mientras yo preparo el desayuno ¿Vale?

 

A regañadientes y mesándose su desaliñado cabello, Lázaro asintió con la cabeza y se dirigió tambaleante hacia el baño.

 

Lázaro era un corredor de bolsa exitoso, la vida había sido “generosa” con él en el aspecto material, pues a sus 30 años, se había hecho de una buena posición y económicamente no le iba nada mal, parecía que la vida le pintaba todo color de rosa, planeando mil y una cosas con su novia Sara con la que en algún momento pensó casarse, muchacha de 27 años, bella y preparada, ¿Qué más le podía pedir a la vida?

 

Sin embargo, su éxito se vio frustrado cuando sus padres fallecieron en un accidente aéreo hace un año atrás y de lo cual él se sentía culpable, pues ese viaje se los había regalado como un obsequio con motivo de su 35 aniversario de bodas.

 

En razón de ello, cayó en un estado en el que se torturaba y se torturaba, pensando que de no haberlo hecho, sus padres no hubieran muerto y todo sería diferente.

 

A partir de ese trágico suceso, Lázaro cambió, no salía de los bares, de los Table Dance y cualquier otro tipo de antro de similar naturaleza, primero fue el alcohol, luego fue la droga, todo tipo de droga, cayendo también en prácticas sexuales incorrectas al tener relaciones con la primera mujer que accediera a ello, con la única finalidad de satisfacer sus deseos y necesidades animales.

 

Esto provocó al final que su novia Sara terminara con él cansada de tratar de ayudarlo por todos los medios a su alcance, de sus tropelías y conductas incorrectas, lo que lógicamente vino a dar al traste y agravar la situación psicológica de Lázaro.

 

En esta vorágine de eventos, Lázaro poco a poco fue perdiendo a todas sus “amistades”, a todas menos a Emanuel, quien fue el único en permanecer a su lado soportando toda clase de insultos y mil cosas más por parte de Lázaro.

 

Sin embargo, Sara quien no había dejado de amarlo, mantenía contacto frecuente con Emanuel, que le informaba de la situación de Lázaro y que cada vez que se hablaban o se veían comentaban sobre las posibles formas de sacarlo de ese inmundo agujero, situación de la que no estaba enterado Lázaro, pues en el estado en que se encontraba hubiera pensado cualquier tipo de absurdo y se hubiera formado falsas conjeturas sobre esa bella amistad que sostenían Sara y Emanuel.

 

Así, pasaban los días y los días, sin que se viera que Lázaro mejorara en su estado, al contrario, si bien acudía a su trabajo con regularidad, este había disminuido en cuanto a su calidad y como colofón se había inmiscuido en una serie de negocios turbios, en los que valiéndose de su posición, realizó una innumerable cantidad de actos ilícitos, que de momento le producían considerables ganancias, pero que conociendo las normas que regulaban sus actividades, encubría bajo la forma de actos legales y permitidos, que se encontraban al filo de la navaja, pues con una auditoria realizada con lupa por parte de las autoridades financieras, los movimientos realizados por Lázaro, podrían ser detectados con las consecuencias lógicas que esto pudiera acarrear.

 

Estos movimientos eran del conocimiento de Emanuel, quien le había advertido a Lázaro sobre los posibles riesgos que ello implicaba a lo que éste siempre le contestaba:

 

  • ¡Vaya, Vaya! Parece que ahora, aparte de ser una constante molestia en mi vida, también te vas a dedicar a juzgarme por lo que hago en mi trabajo.

 

  • No se trata de eso Lázaro, solo quiero que entiendas que lo que estás haciendo no es correcto y que tarde o temprano, las cosas se te pueden revertir, pues tú sabes muy bien que no se encuentra dentro de lo que es tu trabajo y te puede traer lamentables consecuencias.

 

  • Eso a ti que te viene o que te va, déjame a mí hacer lo que quiera hacer, al final de las cuentas, estoy solo, mi vida ya no tiene sentido alguno, no tengo a nadie, he perdido a quienes verdaderamente les importaba y lo que me pase o deje de pasar es algo que solo a mí me concierne y siempre estás ahí de metiche, yo nunca te he pedido que me vengas a ver…

 

  • Vaya que no entiendes- interrumpió Emanuel a Lázaro- efectivamente estás solo, pero lo que no has logrado comprender es que siempre lo has estado, desde tu nacimiento a la fecha y que tu sentido de vida, no debiera ser lo material, tú no naciste para sufrir fuera cual fuera el evento de la vida que te ocurra.

 

  • Para ti es fácil decirlo, pero ya te quisiera ver en mi lugar…

 

  • Lázaro, recuerda que también mis padres murieron y eso es algo inevitable, nadie puede hacer nada al respecto y como los tuyos, pudieron haber muerto en un accidente y eso no hubiera cambiado las cosas, lo que en el caso de tus padres ocurrió fue un accidente, en él nada tuviste que ver tú, de cualquier manera ellos hubieran muerto…

 

  • ¡Si! Hubieran muerto, pero no por mi causa, si yo no les hubiera regalado ese viaje…

 

  • No vuelvas con eso otra vez Lázaro, la vida es así y nadie la puede controlar, ella cumple con su misión y esta es la de ponernos pruebas para ese largo aprendizaje que tenemos que pasar, solo son experiencias necesarias para un posible despertar y crecimiento interior…

 

  • Ya vas a empezar otra vez con tus sandeces del despertar, toda esa bola de ideas inconexas y ridículas…

 

  • Resultan inconexas para ti porque nunca te has ocupado lo suficiente de ti, es un error que te sigas considerando como algo aparte del universo, si tan solo te observaras un poco podrías darte cuenta de la íntima interrelación que existe en todo y todas las cosas y podrías comprender de paso que todo lo que actualmente estás viviendo no es otra cosa que una ilusión, producto de tu imaginación y falsos conceptos que sobre la vida tienes, todo eso vive en tu interior, todo ese sufrimiento, toda esa consideración hacia la gente y hacia la vida es falsa, carente de fundamento.

 

  • ¡Vaya! Ahora resulta que tú tienes la verdad absoluta sobre todas las cosas y en un acto de generosidad supremo, vienes a mí, para salvarme, ¡Que bueno eres!

 

  • No Lázaro, no se trata de que yo sea el poseedor de la verdad absoluta o no, se trata de que la veas por ti mismo, que la busques, que la encuentres y te des cuenta que en ella radica la verdadera vida y el estado de muerte en el cual te encuentras actualmente.

 

  • Bueno, si tanto te interesa la verdad, como tú la llamas ¿Por qué no te ocupas de ti mismo y me dejas en paz?

 

  • Porque eres ya una semilla, sembrada en buena tierra y estás al punto para germinar y generar frutos, basta con que te des cuenta de ello, empieces por aceptarte a ti mismo y a tu entorno como algo que forma parte del gran teatro de la vida, asumas tu papel en él, recordando lo que eres y para lo que estás aquí, que por fin te percates de tu existencia…

 

  • Ya déjame en paz –interrumpió agresivamente Lázaro a Emanuel- y vete, que tengo cosas importantes que hacer.

 

Así terminó la conversación entre Lázaro y Emanuel, quien solo se limitó a observar a Lázaro tomar su portafolio y encaminarse hacia la puerta de su departamento y posteriormente, por la ventana, verlo salir en su automóvil, rechinando llantas de forma por demás incauta.

 

Emanuel se dispuso entonces a poner en orden el departamento de Lázaro, meditando sobre la situación de su amigo y sobre como hacerlo entrar en razón, púes la dinámica de sus acciones, no conllevarían a otra cosa que a consecuencias nefastas, de cómo despertarlo de ese letargo de muerte y decadencia en el que había caído, en este cavilar andaba cuando de pronto sonó su celular y se aprestó a contestarlo:

 

  • ¿Bueno?

 

  • Hola Emanuel, soy Sara ¿Cómo estás?

 

  • Aquí, arreglando el desorden del departamento de Lázaro.

 

  • Ya me imagino…precisamente por eso te llamo ¿Cómo está?

 

  • Peor que la última vez, ya no solo le basta castigarse con la muerte de sus padres inútilmente, las drogas y el alcohol, sino que ahora anda haciendo negocios turbios…

 

  • ¡No me digas eso! Él no sería capaz de eso…

 

  • Pues aunque no lo creas así es…

 

  • Y ¿Ya hablaste con él de eso?

 

  • Lo intenté…pero no entiende razón alguna y mucho menos me permite tratar de acercarme a él…tengo suerte de que aun me deje entrar a su departamento…

 

  • ¡Caray! –dijo sollozando Sara- No sabes lo que me duele que me digas eso… pues ¿Sabes? Aun lo amo con todo mi ser y sé que todo lo que ha hecho y dicho no provienen del Lázaro que tú y yo conocimos alguna vez…sé que no ha sido él…

 

  • En eso tienes toda la razón, no ha sido él, ojala fuera tan fácil como lo es arreglar su departamento, arreglar algunas cosas en su psicología y que por un solo instante se percatara de ello, pero bueno… eso solo es cuestión de tiempo y de que la vida haga su trabajo…

 

  • ¿No es abandono de lo que me estás hablando?

 

  • No Sara, el abandono no existe, es solo una palabra que la gente utiliza de forma egoísta para satisfacer su vanidad, al dizque ayudar a alguien, pues la verdadera ayuda, existe solo para quienes la buscan y la necesitan, misma que sin darse cuenta, se encuentra en ellos mismos, tú ya lo sabes…

 

  • Si, estoy de acuerdo contigo en eso, pero ¿Qué pasará entonces con Lázaro, Emanuel?

 

  • A ciencia cierta, no lo sé, de lo que estoy seguro es que lo que tenga que vivir para darse cuenta de su situación, será algo que ni tú ni yo podremos controlar, solo nos queda permanecer a la expectativa y estar ahí cuando Lázaro, busque la ayuda y se decida por fin a salir de ese mundo de tinieblas en el que vive… Ese mínimo poder de elección que aun le queda, es lo único que lo puede retornar a la vida.

 

  • Vaya que eres duro Emanuel, pero en el fondo sé que tienes la razón.

 

  • De cualquier manera, no te preocupes tanto, yo estaré al tanto de Lázaro, dándome mis vueltecitas, para ver si le cae el veinte, pues será en ese preciso instante cuando más deberá apoyársele…algo parecido a un nacimiento…siempre tiene que haber alguien que reciba al nuevo ser y que lo ayude a respirar por sí mismo, pues el mundo que le espera es totalmente distinto al que anteriormente conocía.

 

  • Bueno Emanuel, tengo que aceptar que a veces me hablas en un lenguaje que resulta difícil de entender para mí, pero de lo que si estoy segura es que eres el único amigo que tenemos tanto Lázaro como yo y que lo que haces y dices tiene un gran sentido y que al final de las cuentas eres el único que puede ayudar a Lázaro.

 

  • Espero que así sea, de corazón te lo digo y espero que tú algún día también llegues a comprender lo que te digo. Por el momento, solo te pido paciencia, especialmente para contigo misma, recuerda que la Luz, no puede existir separada de la Oscuridad, sino fuera así, ¿Cómo podríamos distinguir entre una y otra?

 

  • Eso si lo entiendo perfectamente Emanuel y que ¿Cómo ves? Nos tomamos una taza de café al rato para comentar con mayor profundidad el tema, sirve que tal vez y se nos ocurra una estrategia más efectiva para ayudar a Lázaro.

 

  • Vale, me parece buena idea, de hecho ya tenía pensado algo…pero no sé si lo que tengo en mente te parezca bien, ya lo platicamos después.

 

  • Está bien, ¿En el lugar de siempre, a la hora de siempre?

 

  • Hecho, ahí nos vemos.

 

Emanuel colgó su teléfono celular y continuó su labor, sus ojos llenos de paz, tenían un extraño brillo y una leve sonrisa se dibujó en su rostro, como si por fin hubiera encontrado la llave del galimatías que tenía enfrente y entre dientes solo atinó a exclamar, -“La Regla de Oro”-.

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