CAPITULO IX Y EPÍLOGO – LA FRONTERA (ALFREDO DE SANJUAN)

LA FRONTERA 1Como en todo y en todas las cosas, todo lo que tiene un principio, tiene un final y los tres años y medio de sentencia que como mínimo tenía que cumplir Lázaro llegaron a su término.

 

Emanuel, desde fuera realizó todos los trámites legales necesarios para obtener su preliberación, situación para la cual no tuvo ningún problema.

 

Emanuel fue a visitar a Lázaro una semana antes del día fijado para su liberación a efecto de informarle la buena nueva:

 

  • Hola Lázaro, ¿Cómo estás?

 

  • Más viejo, amigo, más viejo- dijo riendo y con buen talante Lázaro-

 

  • Ya veo, pero ya en serio, ¿Cómo te sientes?

 

  • Bien amigo, bien, me siento libre y feliz, pues aunque no lo creas, y no es que no me alegre la noticia de mi liberación, desde hace un buen tiempo me siento libre y feliz, un hombre nuevo y en gran parte, todo te lo debo a ti.

 

  • No Lázaro, a mi no me debes nada, te lo debes todo a ti mismo, a tu propio e individual esfuerzo, yo solo te he indicado donde estaba la frontera y tú has sido quien la ha cruzado, yo solo te mostré la puerta y tú has sabido encontrar la llave para abrirla.

 

  • Como sea, pero ahora estoy convencido de la libertad y la felicidad, las reales solo existen dentro de nosotros mismos, no importa lo que pase en el mundo externo.

 

  • Así es mi amigo, así es.

 

  • ¿Y Sara? ¿No vino contigo?

 

  • No, ella vendrá el día que salgas para recogerte, está haciendo los preparativos para recibirte en tu nuevo hogar, pues como ya lo habíamos platicado, no es conveniente que regreses al mismo lugar, será un sorpresa para ti.

 

  • ¿Ya iniciaste los trámites legales de la boda?

 

  • Amigo, hasta la pregunta ofende – dijo riendo Emanuel- si yo seré el padrino.

 

  • Eso ni dudarlo.

 

  • También tengo listos todos los papeles de la administración de tu herencia y de la adjudicación definitiva a tu favor con el notario.

 

  • Bien, muy bien.

 

  • ¿Ya pensaste en que harás cuando salgas?

 

  • Ya pensé en que no debo seguir haciendo, Emanuel.

 

  • Buena respuesta, pero me refiero a lo externo.

 

  • ¡Ah! Eso, sí ya lo pensé, he decidido irme a un pueblecito o una ciudad pequeña, poner un negocio, un restaurante, un café o algo así y pasar lo más desapercibido que sea posible, como tú lo dijiste alguna vez, ser alguien invisible.

 

  • Buena elección, pero no te librarás de mí.

 

  • Ni quiero, porque además en mi proyecto estás tú incluido, ya que el negocio será solo la pantalla de una escuela en la que quiero que tú seas el Maestro y enseñes a las personas que lo necesiten y lo busquen, lo necesario para cruzar la frontera tal y como lo hiciste conmigo.

 

  • ¡Vaya! Eso si me sorprende, yo estoy dispuesto pero bien sabes que antes debemos hablar con el Maulana, si lo aprueba considéralo un hecho, puesto que como es también conocido por ti, eso constituye un riesgo que debemos medir en su exacta dimensión.

 

  • De acuerdo Emanuel, estoy seguro que el Maulana lo valorara y se dará cuenta como yo ya lo comprendí, que es necesario hacer algo para que las cosas cambien, aunque sea solo un poquito en este mundo que anda de cabeza.

 

  • Ya lo veremos a su tiempo mi amigo, ya lo veremos a su tiempo.

 

Como decimos los abogados, has sido notificado en tiempo y forma, nos vemos el próximo martes.

 

  • Así sea Emanuel, que la paz sea contigo.

 

  • Y contigo también Lázaro.

 

Emanuel partió, enseguida para visitar a Sara, comunicarle lo sucedido y ayudarla con los preparativos para la próxima salida de Lázaro de la prisión.

 

El tiempo, como es natural siguió su curso y el martes llegó.

 

Emanuel pasó a recoger a Sara a su casa y posteriormente se trasladaron al penal.

 

La hora había llegado, Sara esperaba sentada en un sillón de la salita exterior a la oficina del Director del penal a que Emanuel realizara todo el papeleo correspondiente para finiquitar los trámites administrativos para la liberación de Lázaro.

 

Una vez llevado a cabo lo anterior, Emanuel y Sara se dirigieron a la aduana de salida del penal, donde el primero al llegar con los custodios responsables de dicha área entregó los papeles correspondientes.

 

Sara estaba un poco nerviosa y Emanuel sonriendo le dijo:

 

  • Tranquila mujer, ¿Qué pasó? Obsérvese, no querrás que Lázaro te vea así ¿O sí?

 

  • No, Emanuel tienes razón, es que han sido tres años y medio de verlo solo a través de las rejas sin poder tocarlo siquiera, pero objetivamente es cierto lo que dices, no debo sentir absolutamente nada, solo es un evento benévolo que debe ser digerido igual que un evento adverso de la vida.

 

  • Eso, así me gusta. Algo me dice que Lázaro está viviendo algo similar a lo tuyo y estoy casi seguro también que lo debe estar trabajando.

 

  • Si, Emanuel así es y como tú me has enseñado y lo he vivido, vivir dentro de la objetividad te coloca en el plano de ver las cosas tal y como son, nos gusten o no nos gusten, sin importar lo que nuestras grabaciones piensen o sientan como debieran ser, tomarlas simplemente como lo que son y que bueno, en este caso, se trata solo del cierre de un ciclo y el inicio de otro, como todo lo que ocurre en el universo.

 

  • Exacto, así es Sara.

 

Después de aproximadamente diez minutos, fueron interrumpidos en su plática por el guardián que tras la puerta de acero reforzado que dividía la aduana de salida del interior del penal, llamaba a Emanuel:

 

  • ¿Licenciado Jiménez?

 

  • Soy yo.

 

  • Venga por favor para que me firme los últimos papeles de salida del interno Ordóñez.

 

  • Por supuesto que sí.

 

Emanuel entró en la aduana, Sara se quedó sola y observándose se percató como su corazón comenzaba a latir más rápido.

 

Después de cinco minutos más, la puerta se abrió lentamente…el primero en salir fue Emanuel, quien venía sonriendo pero con paz reflejada en el rostro…tras de él y con la ropa que Sara le había enviado, venía Lázaro…era como si una tumba se estuviese abriendo…como si Lázaro estuviera saliendo de la oscuridad para entrar a la luz…como si hubiese resucitado y estuviese abandonando su sepulcro.

 

Sara se lanzó corriendo a hacia Lázaro y los dos en un fuerte y prolongado abrazo, permanecieron en silencio durante algunos minutos…después una mirada y un largo beso los unió.

 

Ya abrazados y caminando junto con Emanuel hacia la salida, Sara le dijo a Lázaro:

 

  • Lo lograste Lázaro, lo lograste.

 

  • Sí, Sara pero tú y yo sabemos que el final de este capítulo solo es el comienzo…el comienzo de una nueva vida, ausente de temor y de esperanza pero con la certeza de quienes somos y para que estamos aquí, para caminar llenos de amor y fe en nosotros mismos.

 

  • Si, Lázaro…el comienzo de una nueva vida…del otro lado de la frontera.

 

Emanuel, solo acertó a dibujar en su rostro una enigmática sonrisa y abrazando a ambos, caminaron hacia el automóvil en el que partieron con rumbo claro y conocido…el único posible…el de la libertad y la felicidad interior.

 

EPÍLOGO

 

El final de esta novela pudo haber sido cualquiera otro desde la perspectiva netamente exterior, por lo que usted amigo lector, de acuerdo con su propia experiencia personal y siendo sincero consigo mismo, lo puede adecuar como mejor le parezca.

Sin embargo, podrá notar que cualquiera que sea el término de la historia, siempre habrá un solo final objetivo…un destino que debe ser cumplido para todo aquel hombre o mujer que haya decidido cruzar la frontera…siendo ese final…sólo el comienzo de una Nueva Vida, como Hombre Nuevo o Mujer Nueva, que recorrerá el camino sin temor, sin esperanza, con libertad interior, voluntad, paz, fe, cada día más consciente de sí y de la realidad, viviendo su presente, con absoluta certeza de su sentido de vida, dueños de sí mismos, felices y regocijados por el simple pero bello, maravilloso y milagroso hecho de…EXISTIR.

Alfredo de Sanjuan

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