Como no aburrirse – A. R. Orage

publicado en: A.R. Orage, Cuarto Camino | 0

A.R. Orage 1Nada es más común que reclamar que los que nos rodean son aburridos y sin interés. Sin embargo, dichos reclamos son confesiones inconscientes más que acusaciones, dado que la verdad es que el desinterés y el aburrimiento comienzan exactamente cuando se sobrepasa el límite de nuestra inteligencia activa. El aburrimiento comienza cuando nuestra mente se detiene; y el aburrirse fácil o rápidamente sólo indica que nuestra inteligencia es pequeña o torpe. Toda la gente sin excepción es interesante y valiosa. No tenemos otra alternativa que esforzarnos en conocer a la gente porque el propósito educativo de la vida es contactarnos con el misterio de la humanidad. Cada individuo es como si fuera un capítulo del libro humano total. Quien pueda entender todo acerca de una persona tiene la llave para el conocimiento de la raza humana. Por eso una persona es tan buena como cualquier otra persona para interesarse en ella; y aburrirse con una de ellas significa fallar en la búsqueda de lo interesante en la gente.

Esto no quiere decir que no haya gente que provoque nuestro interés y otra que no. De hecho, podemos dividir a la gente que conocemos en dos clases: aquellos que, sin esfuerzo de nuestra parte, nos interesan y estimulan, o, como solemos decir, gente realmente interesante, con quienes siempre es un placer juntarse; y aquellos que no nos provocan ni estimulan interés ni agrado alguno: la gente insulsa y opaca. Pero, como lo sabemos muy bien, una misma persona no puede ser ni interesante ni falta de interés para todo el mundo, dado que no existen los casos absolutos; las personas son interesantes o lo contrario sólo desde nuestra perspectiva particular.

¿Por qué esto es así?…. ¿Es posible que hagamos a la gente interesante sin que naturalmente lo sea?

Tomemos en cuenta que, en esencia, cada uno de nosotros está compuesto de una colección de elementos químicos (usando el término elemento o componente químico para designar cualquier tipo particular de materia). Entre un individuo y otro no sólo hay diferencia en la cantidad de componentes químicos, sino que los componentes no son todos los mismos, ni están en las mismas proporciones ni en el mismo estado de actividad. Este hecho ilustra y explica la extraordinaria variedad de gente que existe, no hay dos personas exactamente iguales químicamente. Y como somos capaces de ser o de captar sólo lo que nuestros componentes químicos nos permiten, se puede decir que estamos determinados por la química que nos compone.

Se sabe que ciertos elementos químicos se relacionan con otros por lo que llamamos afinidad. Ellos notan la existencia de ciertos compuestos pero son indiferentes a otros. Con algunos habrá una relación activa, intercambiándose o combinándose; con otros permanecerá inerte. La química es la misma ya sea en el laboratorio o en el cuerpo humano; sus cualidades y actividad serán las mismas. Por lo tanto, se sigue que lo que llamamos nuestro interés por la gente, o el interés de ellos por nosotros, surge de – o está condicionado por – la presencia en ellos y nosotros de químicos activos que se puedan relacionar. Todas nuestras relaciones con la gente, ya sean amistosas, indiferentes u hostiles son, en el fondo, determinadas por relaciones químicas.

Sin embargo, sí hay una diferencia muy importante entre un laboratorio y algún ser humano que contenga la misma química. En el laboratorio existe un químico. Si nadie interviene, los componentes químicos de dos laboratorios cercanos se mezclarán y combinarán naturalmente de acuerdo a sus cualidades, actuando y reaccionando el uno sobre el otro. Pero si hay un químico en el laboratorio, o, mejor aún, un químico en cada uno, sólidamente preparados en los principios de la química, entonces, en lugar de combinaciones naturales de los componentes, tendremos una serie de combinaciones – producto de la ciencia y el arte – las que son improbables o imposibles en circunstancias ordinarias.

Volviendo a las relaciones humanas, la analogía debiera estar clara. En la medida que un hombre simplemente sigue sus intereses, o sea, encuentra a la gente interesante o aburrida, y de acuerdo a esto busca compañía de los primeros, rechazando los segundos, se comporta como un laboratorio en el cual no hay ningún químico. No hace nada. Simplemente permite que su química se manifieste de acuerdo a sus cualidades naturales de afinidad, indiferencia u hostilidad, sin tratar científica o artísticamente de que se ajusten para entrar en relaciones más y más variadas con los componentes del laboratorio químico de su vecino. El es, como se dice, una criatura de las circunstancias; y todo es resultado de que encuentre a la gente opaca o interesante, o de que él mismo sea lo uno o lo otro para los demás.

Traer un químico a nuestro laboratorio y entrenarlo para que trabaje científicamente es el objetivo principal de la psicología. Queremos manejarnos a nosotros mismos, y controlar los elementos que nos componen. Queremos disfrutar de todas nuestras potencialidades, y combinar a voluntad todos nuestros componentes químicos con aquellos que están fuera nuestro y en la demás gente. Cada uno desea poseer este poder dentro de sí, es la motivación esencial del hombre. Pero ¿qué es esto si no poner a un químico en nuestro propio laboratorio y hacerlo trabajar?

Tal como estamos, simplemente siguiendo la línea del menor esfuerzo, no somos los químicos del laboratorio, sino laboratorios sin químicos, o, digamos, laboratorios en los cuales los químicos están durmiendo. Debemos despertar al químico dentro nuestro. Los medios son comparativamente simples. Primero, debemos dar a nuestro químico ocioso un motivo o razón para moverse. Segundo, debemos decirle cómo comenzar su trabajo.

Existen abundantes razones para despertarlo, entre ellas las siguientes: siempre estamos a merced de la gente y las circunstancias, y en la medida que dependamos de esa gente y circunstancias para interesarnos o para interesarles, nunca nos conoceremos a nosotros mismos ni a los otros sino sólo de manera accidental e imperfecta, si continuamos siendo simples laboratorios. Viviremos y moriremos como pasivos y mecánicos agentes de procesos que no comprendemos mientras no tratemos de hacer combinaciones que no sean fáciles y naturales. Si continuamos actuando de acuerdo a nuestras afinidades, nuestros gustos y disgustos, seremos hombres minerales, vegetales o animales, pero no hombres humanos.

¿Cómo comenzar? Haz que cada encuentro con la gente sea un experimento de laboratorio en psicología. Debes proponerte a ti mismo, cuando estés frente a otra persona: “aquí hay una maravillosa colección de componentes químicos de los cuales sólo conozco unos pocos. Quiero conocerlos y entenderlos todos. Ese es mi trabajo como ser humano”. Con esta actitud de curiosidad activa es imposible “aburrirse” con las personas. El interés por la gente, por las circunstancias y por todo lo relacionado con ello estará presente constantemente y con energía creciente. Se vivirá siempre de manera más abundante. Tal vez, algo de este tipo de alquimia debe haber estado implícito en la promesa hecha a los discípulos de Cristo: “He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.

A. R. Orage

 

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