CUENTOS DE UN LOCO- EL TREN (ALFREDO DE SANJUAN)

CUENTO DE UN LOCO-ALFREDO DE SANJUANEL TREN

 

El pueblo se vislumbraba apacible, el caserío y la Iglesia eran no muy diferentes a los demás que eran aledaños y característicos de la Sierra, enclavado en un valle rodeado de montañas agrestes y prácticamente inaccesibles, solo existía un lugar por el cual sus habitantes podían tener contacto con otras poblaciones y por ahí precisamente era por donde corrían las vías del tren.

 

Las costumbres y los hábitos de los pobladores, habían sido los mismos desde hacía mucho tiempo y solo algunos de ellos sufrieron ciertas modificaciones, pero eran tan arraigados, que la gente no permitía que se le criticara y mucho menos que se intentara suprimirlos, pues a pesar de ser contradictorios muchos de ellos entre sí, eran su dogma y esta era una razón por la que los extraños no eran bien vistos.

 

Como ya se dijo, la única forma posible de entrar o salir del pueblo, era el tren, vías que habían sido construidas hace mucho tiempo, debido a que durante alguna época muy corta, se explotaron minas de oro y plata y que a raíz de la fiebre que se presentó por dichos metales, las vetas de tales minerales se agotaron rápidamente.

 

Después de esa etapa de “abundancia” y “prosperidad”, el pueblo volvió a su modo de vida habitual, en el que sus habitantes satisfacían sus necesidades básicas, del comercio interior, con base en el trueque o intercambio de los productos que cada cual, según su actividad obtenía.

 

No obstante y a pesar de la atmósfera de conformismo que se percibía en los habitantes de ese pueblo, se respiraba a la vez, un ambiente de temor, orgullo y vanidad, por lo que ellos “consideraban”, había sido uno de los pueblos más ricos de la región, “merecedor” por ello de respeto y de mención especial.

 

El aspecto del pueblo y sus habitantes, era desolador, podría decirse que se trataba de un pueblo “muerto en vida”, ellos viviendo solo por vivir, sin un significado, en el que el tiempo parecía estar detenido, repitiéndose en ciclos interminables, una y otra vez.

 

Su único contacto con el mundo exterior, el tren, arribaba a la semiderruída estación una vez por semana invariablemente, el mismo día y a la misma hora.

 

Así transcurría la vida de esa aldea y parecería que todo iba a continuar así, cuando a uno de sus pobladores le ocurriría algo inesperado.

 

Juan era un hombre joven, herrero de oficio y para él, todo parecía indicar que al igual que sus abuelos y sus padres, viviría y moriría en ese pueblo de tinieblas.

 

El único contacto que el pueblo tenía con cierto conocimiento distinto al de la vida común, era el sacerdote de la Iglesia, llamado Pablo, hombre ya maduro, empezando con la senilidad y se dice que era conocimiento fuera del ordinario, porque Pablo, además de los rituales tradicionales, siempre le imprimía un toque especial y se salía de lo anquilosado de la liturgia, es decir, por citar un ejemplo al leer un pasaje de los evangelios, siempre buscaba encontrar el sentido simbólico de los mismos e intentaba que quienes lo escucharan, sintieran y se convencieran que más que conductas exteriores, la enseñanza de Jesús, se encontraba dirigida al hombre individual y a las posibilidades que éste tiene para evolucionar, pero desgraciadamente, no podía hacerlo abiertamente, pues sí así lo hubiere hecho, las consecuencias hubieran sido imprevisibles, ante un colectivo dogmatizado y creyente de que su actitud para con el Altísimo, debía ser ante todo, el cumplimiento literal de lo establecido en las sagradas escrituras.

 

Aquí cabría hacer un breve paréntesis, pues para comprender lo que más adelante se relatará, será necesario conocer un poco más de la vida de Pablo.

 

En su juventud, Pablo había sido uno de los novicios seminaristas, más brillantes y agradables del colegio, pero antes y durante el curso de sus estudios tuvo contacto con una serie de personas que gustaban de un conocimiento esotérico y ancestral, pero verdadero conocimiento esotérico, no las charlatanerías que se conocen hoy en día.

 

A dicho grupo asistía también el hermano de Pablo, Esteban, unos diez años mayor que él, de hecho él había sido uno de los fundadores del mismo y que junto con algunos otros de sus miembros, habían realizado diversos viajes a muchos de los más recónditos rincones de la Tierra, en la búsqueda del conocimiento que los condujera hacia la Verdad y fue precisamente Esteban quien inició a Pablo en las reuniones del grupo,

 

Durante el desarrollo de dichas reuniones, se leían muchísimos libros de toda índole, científicos, filosóficos y por supuesto, no podían faltar las llamadas Sagradas Escrituras de las más importantes religiones del orbe, pero particularmente y con especial cuidado, los Evangelios de la Biblia y también aquellos que aunque no reconocidos oficialmente, denotaban formar parte de aquellos testimonios perdidos y que por su contenido, no son aceptados por las instituciones que se dicen cristianas, sea cual sea la denominación que adoptaran.

 

Así, durante ese período Pablo había ingresado al seminario, no tanto por vocación sino porque al ser el hijo más pequeño, sus padres al no conseguir que ninguno de sus otros hijos mayores abrazaran el sacerdocio, enfocaron todas sus energías y fuerzas, para que Pablo lo hiciera.

 

No obstante que Pablo fue siempre el más rebelde de entre todos sus hermanos, pues nunca se conformó con lo que la demás gente hacía, solo por guardar las apariencias, fue curiosamente, el que aceptó tomar la carrera eclesial, pero no precisamente para darle gusto a sus padres, sino porque previo a esta decisión ocurrió un acontecimiento que fue la razón principal de tan seria decisión.

 

Pablo se enamoró profundamente de Isabel, hermosa chica del pueblo, hija de ricos hacendados y que pese a esto, distaba de ser altanera y soberbia, como las otras chicas ricas de la aldea solían ser.

 

Isabel al igual que Pablo, se enamoró de él y durante un breve tiempo tuvieron una relación furtiva de noviazgo, que fue bella, pues al amarse se entregaron sin importarles el pasado o el futuro, percibiendo siempre una sensación de paz nunca antes sentida por ambos, en sus experiencias anteriores.

 

Sin embargo, el tiempo pasaba y las cosas, como suele ocurrir en casos parecidos, se fueron complicando y llegó un momento en que Pablo temeroso de lo que les pudiera pasar tanto a él como a Isabel, determinó dar por terminada la relación e Isabel a su vez, al notar que el Amor que sentía por él, solo a ella le pertenecía, concluyó que aun sin su presencia, ella lo amaba y lo amaría y respetando la decisión de Pablo en todos sus términos, le dijo que eso no cambiaría lo que ella sentía y que si cambiaba de opinión, estaría presta a sortear todas las dudas y dificultades que se presentaran, pues lo que realmente importaba, era el aquí y el ahora.

 

Decidieron ser amigos y su vida hasta cierto punto transcurrió como de costumbre, pero para Pablo fue diferente, pues al tomar definitivamente el camino religioso, decidió alejarse de todo aquello que lo aterraba interiormente y una vez que se ordenó como cura, solicito ser enviado al pueblo donde actualmente se encuentra, donde el único contacto que mantenía con el mundo exterior, eran la correspondencia que sostenían su hermano Esteban y él, por lo que el conocimiento que durante su juventud habían adquirido, investigado y aplicado, se mantuvo siempre fresco.

 

Esteban, en cambio se casó y procreó una hija, una hermosa muchacha cuyo nombre era Raquel.

 

Por otra parte, Juan era uno de los pocos del pueblo que no estaba conforme con la vida que llevaba y que estaba convencido de que había algo más.

 

Para Pablo, Juan era el vivo reflejo de su juventud, brioso, tenaz y perseverante, era el único discípulo verdadero que tenía en relación con las enseñanzas esotéricas, basadas principalmente en el conocimiento de uno mismo, de las grandes leyes que rigen el universo y de la posible evolución interior del hombre.

 

Un día como cualquier otro, Pablo recibió una carta de su hermano Esteban, pero ésta era distinta a las demás pues mientras la iba leyendo su rostro tomaba tintes de alegría, paz y satisfacción interna, Esteban le decía en ella, que había decidido ir a visitarlo con Raquel, su hija y que si él así lo disponía, deseaban pasar una temporadita con él en su casa, diciéndole el día y la hora en que arribarían en el tren.

 

Así, llegó el día esperado, Pablo acudió a la estación del tren acompañado de Juan, pues se lo había pedido previamente para que con la carreta y los caballos que éste último poseía facilitara la transportación de Pablo, de Esteban y su hija a la casita anexa a la Iglesia donde residía el sacerdote.

 

El tren llegó a la estación, pero en contraste con ocasiones anteriores, lucía diferente, era como si un resplandor lo rodeara y lo tornase misterioso, éste por fin se detuvo y de uno de los dos vagones de pasajeros descendieron, Esteban y Raquel.

 

Esteban ya mostraba las huellas de la edad, empero, se le veía robusto, fuerte y vigoroso y Raquel era una joven morena y a pesar de su hermosura física, su semblante y en especial su mirada, reflejaban paz y tranquilidad, pero sobre todo, un espíritu lleno de amor.

 

Al verlos Pablo y Juan se acercaron a ellos, no pasando desapercibido el intercambio de miradas entre Juan y Raquel y una vez que se cumplió con el protocolo de bienvenida, partieron al hogar del cura.

 

La casita aunque pequeña, contaba con todo lo necesario para llevar una vida cómoda y tenía las habitaciones necesarias para alojar a los huéspedes de Pablo.

 

Durante los primeros días no ocurrió nada extraordinario, pero conforme fue avanzando el tiempo las cosas se transformaban paulatinamente, pues todas las tardes como ya era costumbre para Pablo y Juan, se llevaban a cabo reuniones en relación con el conocimiento esotérico del que hemos hablado, a las cuales, obviamente se agregaron Esteban y Raquel, a quien su padre había instruido desde la más tierna infancia en el conocimiento, por lo que dichas conversaciones no le eran en lo absoluto extrañas, participando activamente en ellas.

 

Con el paso de las semanas, Juan y Raquel trabaron amistad y por las mañanas daban largas caminatas en las cuales, platicaban de los más diversos temas, originándose un incipiente amor, pero un amor distinto a los que cada uno de ellos habían “sentido” hasta entonces.

 

Parecería que hasta entonces ya se hubieran conocido, una extraña sensación de cercanía, de paz y alegría interior les recorría todo su ser.

 

No obstante, casa uno de ellos entendía su destino en la vida y sabían que pasara lo que pasara, ellos tendrían que llegar a éste de forma totalmente individual.

 

Siguieron corriendo los días y se acercaba la fecha en que Raquel y Esteban deberían partir de regreso a su casa, Juan se empezó a sentir inquieto y ello motivó a que acudiera con Pablo a pedirle su consejo, Pablo, al escucharlo con una sonrisa y casi con una ternura indescriptible le dijo:

 

  • Hijo mío, no está en mí darte la respuesta que tú me pides, pues algo similar me ocurrió a mí y no tomé la decisión correcta- sabiendo ya Juan la experiencia de Pablo con Isabel- por lo que sería equivocado sugerirte conducta alguna, más bien, ve dentro de ti, obrando de corazón y siempre alerta, ganarás en rica experiencia y creo que lo más conveniente en este caso es que te lea un pasaje de la Biblia que ya bien conoces y tal vez… si lo comprendes, te pueda dar la luz que necesitas.-

 

Dicho esto, Pablo tomó de una vieja mesita, su Biblia y abriéndola, leyóle el Capítulo 4, del libro de Efesios, recalcándole durante la lectura, los siguientes pasajes:

 

  • “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,

con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz…

…un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos, y en todos…

…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,

sino que siguiendo la Verdad en amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,

de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor…

…digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente.

teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón…

En cuanto a pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo;…

Quítense de vosotros toda amargura, enojo ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”-

 

Habiendo concluido su lectura, Pablo amorosamente tomó las manos de Juan y le preguntó- ¿Habéis abierto ya vuestros ojos y has despertado de tu sueño?- Juan, extasiado y regocijado en su interior, solo acertó a mirarlo y le contestó, -Si Padre, he comprendido y llegado ese día, subiré a ese tren- Pablo concluyó diciéndole, – Hijo ámala buscando siempre tu libertad interior, respétala en todo lo que diga y lo que haga, actúa siempre de forma correcta, ese Amor es tuyo, te pertenece a Ti, no lo dejes ir, cumple tu destino, sea éste cual sea el que tenga que ser, sin temor ni esperanza, siendo dueño de ti mismo, sin acongojarte ni angustiarte por lo pretérito o lo venidero, buscándote y sintiéndote siempre en alegría, en paz y regocijado por existir.-

 

Nadie sabe que pasó después…lo cierto es que Juan y Raquel desde su interior y en ese tren…partieron en búsqueda del Bien y la Verdad y…de su destino.

 

Si ese tren ha llegado a sus vidas, no le permitan partir sin ustedes, no importa por que camino los lleve…siempre los conducirá a su destino y…pudiera ser que fuera la última vez que se detenga ante ustedes.

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