EL LUGAR EXTERNO Y EL ESTADO INTERNO (Maurice Nicoll)

publicado en: Cuarto Camino, Maurice Nicoll | 1

 

cuarto camino

El empleo del “Yo Observante” a lo largo de los años, nos permitirá percibir el gran “mundo psicológico” que está situado dentro de nosotros, invisible a los sentidos exteriores, pero visible al “sentido interior”. Este mundo, que se revela gradual y lentamente, tiene sus ciudades y aldeas, sus caminos y sendas, sus montes y valles, que sitúan nuestra Conciencia en desarrollo.

Mientras siga totalmente dormido para consigo mismo, como lo está si nunca se “observa a sí mismo”, usted tropezará ciegamente una y otra vez en ese mundo interior, al no comprender que existe y al no darse cuenta del lugar a donde se dirige.

Toda nuestra felicidad y también toda nuestra desdicha depende del lugar en que estamos en ese mundo interior. Lo que importa no es el lugar donde estamos fuera, sino aquel donde estamos dentro.
A cada lugar en que nos encontremos en este mundo interior lo denominaremos sin comprender, “estado de ánimo”, donde se puede permanecer a menudo por mucho tiempo. Como todo aquello que tiene que ver con el péndulo de las emociones mecánicas, se pasa de un estado de ánimo a un estado de ánimo opuesto. La plena observación reside en observar los dos opuestos, los dos extremos de la oscilación del péndulo.
Por lo tanto un “estado de ánimo” es un estado emocional y corresponde a un lugar en nuestro mundo interior. Las gentes con frecuencia niegan estar en un estado de ánimo. Pueden estar dominadas por el malhumor durante días y negarlo con toda sinceridad. Esto se debe en parte a que los estados de ánimo son muy difíciles de observar. Es difícil enfocarlos en la atención del Yo Observante. Empero, es de la mayor importancia observarlos porque un estado de ánimo, como la bruma, suele persistir y extraer sutilmente la fuerza de una persona, mostrando una fase opuesta, breve y excitante, y luego estableciéndose de nuevo.
Ahora bien, si se puede observar un estado de ánimo aunque sea en un menor grado, no se está completamente sumido en él. Parte de la conciencia va entonces al “Yo Observante”, pero el resto de la conciencia sigue apegada al estado de ánimo, esto es, permanece identificada con él.
Así una persona es al mismo tiempo su estado de ánimo y no lo es. Esto marca el comienzo de la separación. Si dicha persona no se deja dominar demasiado tiempo por el sueño, la separación se hará más amplia hasta que su conciencia pueda mirar desde arriba al estado de ánimo que antes solía envolverla completamente. Se parecerá entonces a una capa de bruma en un distante valle que está por debajo de nosotros. Dicha persona se preguntará por que solía ir tan a menudo a ese valle y permanecer en la niebla. Aparentemente lo creía necesario. Cuanto más la conciencia asciende al nivel del Yo Observante, más se preguntará por qué vagaba por los lugares que antes solía frecuentar.

MAURICE NICOLL
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Una respuesta

  1. kagemusha van dyke

    cierto es que esa identificacion con el estado de animo persiste en la forma de los yoes y que require una tenaz lucha contra la inercia, pero como hacerlo sin el incesante ejercicio de la atencion en el presente? caer en la cuenta de si mismo. saludos y gracias.

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