EL RECUERDO DE SÍ (frag. “Gurdjieff, Vida y Enseñanza” John Shirley)

publicado en: Cuarto Camino | 0

Recuerdo de si

“Un día, no hace mucho tiempo, estaba andando por mi jardín. Mientras realizaba alguna tarea doméstica, empecé a pensar en mi vida profesional y me dejé llevar por los pensamientos. Entonces, de repente, algo me hizo recordarme a mí mismo –este recuerdo de mí mismo era el producto de pasados intentos de recordarme–, hice un esfuerzo y me obligué a mí mismo a dar un paso atrás para distanciarme de la libre asociación de mis pensamientos, dejar de soñar y mirar a mi alrededor. Cuando lo hice, intenté ver el estado de sueño en el que me encontraba un momento antes, y en efecto llegué a vislumbrarlo. Entonces hubo un momento de contraste entre mi anterior estado y el nuevo estado más fresco, ligeramente más despierto: mi estado anterior me parecía ahora como un túnel.
Era como una madriguera oscura, con unos pocos borrones de color, y enroscados en los muros sombríos estaba la gente en la que había estado pensando y los deseos que estaba ansioso por satisfacer: era como una especie de papel cambiante y nauseabundo que cubría las paredes del túnel de mi percepción. Como si yo hubiera sido, hasta aquel momento, lo que los tibetanos llaman un «fantasma hambriento» en mi propio estado personal de bardo –pues sin duda no estaba verdaderamente vivo. Había estado andando sonámbulo por ese túnel; ahora estaba fuera del túnel y era capaz de mirar a mi alrededor y ver sencillamente dónde estaba. Estaba en mi jardín, en un agradable día de principios de otoño, los detalles me llegaban con una nueva tridimensionalidad: la tamizada luz del sol, las flores de adelfa de vivos colores, las hojas que crujían bajo mis pies y una telaraña tejida con asombrosa precisión que atrapaba la luz en un rincón; abejas zumbando, pájaros emitiendo repetidamente sus complicados cantos, la fragancia y la ligera presión del aire, las sensaciones de mi cuerpo, sensaciones vivas en medio de todo aquello –y muchas más cosas. Estaba todo a mi alrededor y dentro de mí –y yo había sido completamente inconsciente. Había estado caminando por un jardín vivo y suntuoso, un banquete para los sentidos, pero había sido incapaz de asimilarlo, hasta que había conseguido salir por un momento de la corriente de mis pensamientos, para volver mi atención a lo que era, en aquel momento; simplemente a lo que es.
Antes de hacer ese esfuerzo para volver a mí, había estado caminando, transportado por mi cuerpo, pero sin habitarlo. Sentía que, por lo menos durante aquel vívido momento, habitaba realmente mi cuerpo.
El efecto, no era sólo vívido, sino que también era liberador. Me sentí por un momento como un hombre que sale al aire libre después de haber estado atrapado en una mina que se ha derrumbado. Me sentí como un preso que acaba de ser puesto en libertad. De repente había libertad, espacios abiertos. Y lo que más me asombró fue que esa liberación, esa enormidad, había estado ahí todo el tiempo.
Entonces mi mujer me avisó de que me llamaban por teléfono. Respondí y al instante fui absorbido por el asunto de la llamada… y rápidamente volví al sueño. Estuve andando por casa, trabajando en mi ordenador y hablando por teléfono… pero totalmente dormido.”

(frag. “Gurdjieff, Vida y Enseñanza” John Shirley)

 

 

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