EL TRABAJO SE HACE EN NOSOTROS – (Henri Tracol)

Henri TracolEl  hombre es buscador de nacimiento. El no lo sabe, pero sí lo es. Y la presencia del maestro evoca en él la búsqueda y la vivifica.

LA EXPERIENCIA MISMA ESTABA MÁS ALLÁ DE TODA INTERPRETACIÓN ORDINARIA. Algose ofrecía a nuestra Comprensión, pero era como despertar en medio de unfenómeno que no podía compararse con los fenómenos habituales, y sentirse comointegrado en él, libre de toda preocupación por explicar o describir, eramás bien vivir la experiencia como el maestro nos hacia sentir que la vivíaél.

A veces había como… iba a decir una complicidad, una inteligenciaevidente entre él y nosotros; estábamos juntos, implicados en laexperiencia, por un rato, y eso era lo que al fin predominaba.

Pero luego quedaba algo que era la prueba de lo que se habíavivido con él, y dejaba muy atrás toda las explicaciones que se pudieran dar.

Había que tratar de revivificar esa experiencia, derevivirla con todo lo que llevaba consigo de falsa satisfacción, y de inútildesaliento. Pero aquí y ahora ¿cómo volver a encontrar esa intensidad? eso es lo que sin cesar se propone, y es evidente quedespués de tantas tentativas infructuosas, algo persiste, invitándonos a probary probar, una y otra vez, sin hacernos ilusiones… y sin esperar a todacosta un resultado.

Pero intentar de veras conservar esa disposición, intentarmantenerse en estado de receptividad, eso es lo que podemos sentir de untrabajo que se hace en nosotros, a condición de no pretender dirigirlo. Nosomos dueños de ello. No soy yo el amo, y sin embargo reconozco que se meofrece a mí

Lo que acaso corresponda a una afirmación de mí mismo másjusta, es esta visión.INTENTAR, INTENTAR LA EXPERIENCIA, SIN PRETENDERDOMINARLA, PERO ASÍ Y TODO, INTENTARLA. CULTIVAR ESA DISPOSICIÓN AVIVIR LA EXPERIENCIA, ENTRAR EN LA EXPERIENCIA Y MANTENERME EN ELLA.

Gurdjieff insistía en que no debemos hacer nada sin tratarde comprender lo que estamos haciendo. El hombre debe experimentar por símismo la verdad de lo que se le enseña.

En los relatos de Belcebú se nos convida desde elprincipio a despertarnos a esa nueva comprensión. Los relatos no empiezande improviso. Les precede una introducción que se titula “el despertar delpensar”, y a lo largo de los capítulos se dedican páginas enteras a unaenseñanza cuyas verdaderas perspectivas aparecerán en las “conclusiones delautor”.

Después de más de cincuenta años de morir elmaestro, hay una enorme diferencia entre lo que eran los grupos en laépoca de Gurdjieff y lo que pueden representar hoy.

El tenía en cuenta, evidentemente, la diversidad de nuestrasinterpretaciones de lo que él sugería… y se ingeniaba parautilizarlas conscientemente.

Ahora, por supuesto, ya no es lo mismo que cuando aquelloera vivido y dirigido por el maestro. Pero, por muy inevitables que sean lasdesviaciones, para nosotros hay algo que da fe de que su influenciasobrevive.

 

¿Cómo mantenerse abierto?

Se nos pregunta hasta qué punto la intimidad del trabajosobre sí mismo puede prestarse a ser confiada al público. Sobre eso existe unmalentendido harto evidente que puede adoptar muy diversas formas. Pero a loque soy más sensible es a la relación con nuestro maestro, y la manera quetenía de poner a prueba nuestra capacidad de comprender.

En una forma u otra, esto pone en tela de juicio lastareas que me han propuesto y que he procurado cumplir durante muchosaños.

He venido a llegar al cuestionamiento de la concepción deltrabajo, y de ello se pueden encontrar ecos en algunos textos, sea enentrevista o en escritos que he tratado de elaborar.

HAY UN MALENTENDIDO, MUY A MENUDO, EN CUANTO SE TRATADE UN TRABAJO QUE HACER. ES UNA ESPECIE DE MOVILIZACIÓN, DE UNARESPONSABILIDAD QUE UNO ASUME, DE UN “TRABAJO” QUE TENGO QUEHACER. QUIERO MOVILIZARME, DE DISTINTAS MANERAS, PARA PODER HACERLO,PUESTO QUE ES LO QUE SE ME PROPONE.

Y a partir de ahí, ¡cuántos testimonios cuando un grupo sereúne, cuánto derivar, y después, cuántos comentarios sobre el trabajo!

Y en medio de todo eso, parece que algo queda descuidado,ignorado. Y es que el verdadero trabajo, no lo hacemos nosotros. Sehace en nosotros. Y esto, naturalmente, con la ayuda delmaestro, pero trasciende incluso la ayuda del maestro. Algo setrabaja en nosotros, que obedece a imperativos totalmente diferentes deaquellos a los que solemos plegarnos.

En todo caso, algo responde mejor a la verdadera demanda, yconsiste en sentirse “en trabajo”, como una madre… estar “en trabajo”, sentirse“trabajado” y estar más precavido ante lo que puede poner eso en peligro. Locual evidencia más aún que esa especie de intervención, de desvío, siempre esposible…

Entonces, por supuesto, aparece el otro obstáculo, quees una suerte de pasividad, de espera. “sí, voy a ser trabajado. Sí, bueno, muybien… vamos a esperar y ya veremos.” y en seguida surge otro desvío, otraforma de comodidad.

Pero si se vuelve a lo que se ha reconocidocomo esencial, entonces se mantiene una interrogación casipermanentemente. “¿estoy verdaderamente dispuesto para el trabajo que sehace en mí?” me voy volviendo más sensible a lo que interfiere,a lo que prácticamente inutiliza la operación, así como a ciertas actitudes quevoy desarrollando a favor de ese llamado “trabajo”, y así sucesivamente…

Esa pregunta de estar dispuesto para el trabajo esel resultado de un proceso, pero no el comienzo de la búsqueda, tal como loentendemos. Todos estos desvíos podrían ser de orden preparatorio.

Se podría, entre paréntesis, ver como corresponde uncuestionamiento así con lo que sucede al ir descubriendo un oficio: el jovenaprendiz está ahí, con su ansia de empezar a actuar, y va notando lo que sehace, lo que el patrón puede hacer, lo que el maestro de taller procuramostrarle, y de ese modo se expone a comprometerlo todo, intentando conducirsesegún lo que le parece comprender. Muy a menudo hay una faseintermedia. Fracasada esa primera tentativa, o bien comienza una esperaindefinida que puede durar hasta el final, o bien una búsqueda nueva,totalmente distinta, como para ponerse a prueba abriéndose a la posibilidad decomprender mejor las condiciones mismas de un crecimiento, de unacapacitación. Abundan los testimonios de esa índole en los escritos de loscompañeros del deber.

 

ES COMO SI ESTE TRABAJO FUERA COMO UNA PREPARACIÓN PARAASIMILAR CIERTO TIPO DE ALIMENTO. NO SE PUEDEN ASIMILAR DESDE EL PRINCIPIOTODOS LOS COMPONENTES DE ESE ALIMENTO. SE NECESITA AFINAR LA SENSIBILIDAD.

 

ESO TIENE UNA RESONANCIA EN EL RECUERDO DE ESOS AÑOS DEPARTICIPACIÓN EN EL TRABAJO. ES INDUDABLEMENTE UNA DE LAS FORMAS DELTRABAJO QUE SE HACE EN NOSOTROS, CUANDO NO LO ESQUIVAMOS, SINO QUESEGUIMOS ABIERTOS A LO QUE TODAVÍA NO HA SIDO VERDADERAMENTE PERCIBIDO. SEPRESIENTE QUE AÚN ASÍ, ESTÁ PRESENTE EN POTENCIA.

En la mirada del señor Gurdjieff y en la atención con la queseguía nuestras tentativas de comprensión, algo nos estaba midiendoconstantemente; “¿estará preparado o no? ¿Le ofrezco algo o lo dejamospara más tarde?” y en determinados momentos se arriesgaba.

¡Qué mirada iba poniendo en unos o en otros!… ¡ah! sabíaque algunos comprenderían y otros no. lo tenía en cuenta y se arriesgaba a cadamomento. Eran riesgos “conscientes”. ¿De qué manera lo vivieron unos yotros?

A veces, cuando uno escribe o contesta a preguntas acerca dela enseñanza del señor Gurdjieff, tiene que vivir una especie de resonancia,aunque muy lejana, de las situaciones en las que él se encontraba; y muchas vecesdecía cosas por el estilo de “sé que no debería decírselo, pero…” y aaquello nos aferrábamos de nuevo, más aún. Y para algunos era origen dedespropósitos enormes, y otras veces era como un nuevo nacimiento, nacerde nuevo al trabajo. Como en la parábola del sembrador había terrenos detodas clases.

En los relatos de Belcebú hay muchas referencias al “procesode destrucción mutua”. Todos los mensajeros de lo alto han intentado hacercomprender al hombre que el cielo reclama un sacrificio.

Esto me hace pensar forzosamente en el “esfuerzoconsciente” y el “sufrimiento intencional”. Hablar o escribir sobre estoprobablemente no sirva para nada; tal vez haga falta pasar una vida enterajunto a otros compañeros de incomprensión, de malentendidos.

Otra alusión que hay que retener: la noción de“purgatorio”. Es una cosa que casi siempre se entiende mal: el purgatorio…¡qué maldición! ¡Qué condenación!” es el prefacio al infierno. Y pocos sonlos que descubren en él el inicio de una verdadera transformación. Es evidenteque los últimos capítulos de Belcebú arrojan cierta luz sobre todo esto. Peroes curioso: han de transcurrir años después de la primera lectura de Belcebú,para que esos últimos capítulos muestren las perspectivas que van ahallar un eco en el lector.

LA CUESTIÓN NO DEJA DE SER “EL RECUERDO DE SÍ”. SEPRESIENTE COMO EL GRAN MISTERIO, Y A LA VEZ COMO LA RESPUESTA REAL, DEFINITIVA.PERO EN SEGUIDA SE EMPIEZA A PERDER EL RUMBO. HAY “LLAMADA” Y RESPUESTA A LALLAMADA. SI LA LLAMADA HA RESONADO DE VERAS, LA RESPUESTA NO PUEDE MENOSQUE VENIR. Y LUEGO SIGUE LA EJECUCIÓN, QUE TRADUCE EN FORMA DECOMPORTAMIENTO LO QUE HA SIDO EL IMPULSO SUSCITADO POR LA LLAMADA.

La primera respuesta suena como un acorde justo, en ciertosentido.

Y en seguida vuelve la incertidumbre. Una de sus formasmás flagrantes consiste en asumir responsabilidades en falso, como quien seatribuye la capacidad de responder, y en seguida exige que los demás hagan lomismo.

Y por otro lado está “el buscador de la verdad”, el quemantiene vivo el cuestionamiento, el que procura elegir y reconocer lo quesuena ajustado en las respuestas que recibe, y en las que le ofrece tal cualtradición, y las experimenta, prueba a experimentarlas; el que decide: “no.todavía no es esto, se trata de otra cosa”, y sigue buscando y buscando.

LO QUE EL SEÑOR GURDJIEFF NOS REVELA DE SU VIDA DEBUSCADOR ES UN PERPETUO CUESTIONARSE Y VOLVERSE A CUESTIONAR, NO SÓLO ALPRINCIPIO, SINO HASTA EL FIN.

Y a la vez el reconocimiento de una respuesta percibida decierta manera en un momento dado y de otra manera en otro momento, pero en esotambién hay una continuidad.

La respuesta se da desde el comienzo y es recibida en unaforma u otra, o en una tercera… o décima. .. Que se contradicen más omenos entre sí. Es de otra dimensión que lo que percibe habitualmente.

Habría que hacer sitio a las diferentes etapas en el caminodel buscador de la verdad. Puede ocupar un lugar cierta identificación con elcuidado de ceñirse verdaderamente a lo que ha sido propuesto, tal como se hacomprendido.

A falta de esto, se corre perpetuamente el riesgo dederivar.

Hay quien dice, así, de paso: “¡ah, eso es interesante! perotambién hay otras cosas, esto, y esto otro”. Y así puede permanecerindefinidamente. Cuando hay de veras la tentativa seria de una experiencia quecorresponde a lo que se ha recibido, tampoco es un fin en sí, tiene que seguirabierto a nuevas interrogaciones que permitan ir más lejos, acercarse a lo quese ha sentido desde el principio, pero que se debe sentir de manera cada vezmás acorde, según se va desarrollando la experiencia.

MANTENERSE ABIERTO, ESO ES LO IMPORTANTE. NO ABIERTO ACUALQUIER COSA, SINO ABIERTO A LO QUE SE HA CAPTADO COMO UNAORIENTACIÓN, UNA DIRECCIÓN. Eso es lo que nos revela la tercera serie delos escritos del señor Gurdjieff, más allá de todas las posibles cavilacionesdel lector.

EL CUARTO CAMINO DEL QUE HABLA EL SEÑOR GURDJIEFF NO SEPUEDE APREHENDER COMO FUNCIONALMENTE DEFINIDO. ¿No iremos a extraviarnos por uncamino errado aludiendo a lo que se puede observar al final de este siglo, enel que han venido a ser posibles comunicaciones e intercambios entrerepresentantes de los grandes caminos espirituales?

En el desorden general, este riesgo de confusión tiene sucontrapartida en lo que se puede percibir como sumamente justo en lasreflexiones y los comportamientos de ciertos representantes de las grandescorrientes espirituales. Entonces ¡ojo a un nuevo peligro! “Desde luego, apartir de ahí, reuniendo todo eso, vamos a encontrar al fin un camino coherenteque se podrá proponer a todos…” lo cual es una manera de poner en peligro, sino de pervertir, lo que tienen de específico los verdaderos buscadores de laverdad.

El hombre siempre desea una respuesta, pero laverdadera respuesta es volver a la pregunta. Cuando alguien decía: “señorGurdjieff, usted ha dicho tal cosa, yo he probado a…” en pocos segundos se loechaba por tierra. Otras veces el comienzo de la respuesta contenía todavíatantas preguntas, que otra vez estaba todo en cuestionamiento, habíaque continuar, a veces alentado por él. Pero estamos muy lejos del esquema“pregunta – respuesta” indudablemente.

Esto nos lleva a un nuevo enigma, y podría llevarnos tambiéna un modo de respuesta demasiado fácil. LO QUE ACASO PUEDA AYUDARNOSMÁS ES LA RECOMENDACIÓN DE ESTAR PRECAVIDO CONTRA TODA CONCLUSIÓN.

Podríamos decir entonces, de manera enteramente práctica,que la enseñanza del señor Gurdjieff iba en esa dirección. También podríamosrecoger ejemplos, rememorando sus respuestas a algunos de nosotros: “muy bien,eso es, muy bien. Ha comprendido muy bien, siga, etc.…” y era un nuevo riesgoel que se presentaba, porque, naturalmente, se desdecía en cualquiermomento: “usted no ha comprendido nada…”

Esta enseñanza, tal como fue propuesta y vivida, consistía,más que nada, en mantener la interrogación.

UNA DE LAS COSAS QUE MÁS ME LLAMAN LA ATENCIÓN EN LA MANERAQUE TENÍA EL SEÑOR GURDJIEFF DE DESPERTAR UN ESTADO DE CUESTIONAMIENTO,SON LAS AFIRMACIONES PERENTORIAS, COMO POR EJEMPLO: “LA VERDAD NO SE PUEDETRANSMITIR MÁS QUE EN FORMA DE MENTIRA.”

“¡Los buscadores de mentiras!” motivo de asombro y derechazo por parte de los recién llegados.

Cuando le hacían una pregunta, después de echar una mirada,decía: “¿yo he dicho eso? ¡Nada de eso!”, cuando era exactamente lo que habíadicho unos días antes. Su manera de escrutar las reacciones de unos yotros; tanto de los que reaccionaban fuertemente en contra, como de los que enseguida decían a todo que sí y admitían inmediatamente los cambios de perspectiva…

Él sí que no tenía el más mínimo temor a contradecirse.

Al parecer, también se cuidaba mucho de otra cosa que esascontradicciones, puesto que daba a un principiante la impresión de unacoherencia increíble. En esa coherencia, que no es la de la lógica, sesospecha que hay un secreto. Que se abre, entre otras cosas, a undescubrimiento entre las compatibilidades y las incompatibilidades entre “ser”y “hacer”. descubrimiento en el que, primero, se siente como un callejón sinsalida; en seguida se ve lo que comienza a tener vida en ese algo que nocontrapone “ser” y “hacer”, y permite sentir lo que ha pasado dentro de él enciertos momentos en que “ser” y “hacer” parecían estar en contradicciónabsoluta, y en cambio algo estaba allí llamando por un lado o por elotro, dejando entrever una posibilidad de reconciliación n de aquellaoposición que a primera vista parecía total.

 

Algunas reflexiones de la peculiaridad de esta enseñanza.

Si “peculiaridad” significa “eso que esúnico”, en la enseñanza de Gurdjieff, la eliminaremos rápidamente. Estaformulación no es en absoluto, como se podría temer, una afirmación tendenciosay excluyente. Aquello que hay de único en un camino de búsqueda espiritual, essimplemente la forma del enfoque y la percepción de la realidad. Estoes justamente lo que está permitido vislumbrar en esta enseñanza, más allá delas formas, experiencia y búsquedas, que sugiere.

Esta facultad de orientación que tiende a nacer ennosotros, es tal vez una de sus vocaciones más evidentes. Es también lanecesidad primaria, considerando su posición natural respecto a las grandesestructuras tradicionales que la vuelven al mismo tiempo solidaria con todas, einconciliable con algunas de ellas. En relación a esto me siento máscercano a eso que le es “peculiar”, en la misma medida en la cual mesiento con ganas de colocarme interiormente en relación a lo que se me ofrecedesde el exterior.

DEBIDAMENTE CULTIVADO, ESTE OLFATO ESPIRITUAL DEBEPERMITIRNOS CON EL TIEMPO RECONOCER EL GRADO DE AUTENTICIDAD DE LA FORMASDE EXPERIENCIA QUE SE PROPONEN A NUESTRA BÚSQUEDA.

Suponemos que esta forma se nos revele como portadora de unaverdad, de naturaleza similar a la que se nos dio a conocer bajo la influenciadirecta de Gurdjieff. Esta relación no dejará de captar lo mejor de nuestraatención y nuestro interés, incitándonos seguir su estudio. Pero esto no nosautorizara en lo absoluto a sacar conclusiones a favor de una identidad o deuna afiliación y mucho menos jugar con el rol de aprendices de brujos.

Y, en caso contrario si esta forma nos parece absurda,peligrosa o ilusoria, será una valiosa ayuda para una mejor toma de conciencia,lo que es esencial para preservar y evitar el riesgo de graves errores yfalsificaciones en los que incurrimos nosotros mismos, sin una pauta ennuestras interpretaciones.

Advertidos del peligro y de frente a la infinidad deaspectos bajo los cuales se aparece lo que hay de “único” en estaenseñanza, tendremos que buscar la garantía de una orientación justa ynaturalmente es en su mismo origen que iremos a buscarla.

La enseñanza de Gurdjieff tiene su origen en lo que élllama: “el cuarto camino”.

Es necesario aclarar que una escuela del cuarto camino notiene una forma definitiva, lo que significa que no tiene dogma, ni rito, en elsentido tradicional.

Estas escuelas desaparecen incesantemente, e incesantementedeben ser encontrados y reencontrados.

No impone ninguna renuncia previa, pero requiere, en elmarco de una vida ordinaria, un conjunto de condicionesapropiadas, enfocadas en el verdadero trabajo sobre sí mismos.

Se abre una perspectiva de trasformación profunda del ser através del despertar y la conciencia de sí.

Implica para el hombre una búsqueda sincera de la verdad, larealización de su propia “nulidad”, el recurrir al esfuerzo -al súper esfuerzo–en vista del desarrollo de su poder de conciencia. Le permite también eldescubrimiento y realización de algunas potencialidades escondidas, a través dela activación simultánea y conjunta de sus capacidades intelectuales, emocionalesy físicas, como resultado de una concentración voluntaria en la lucha, donde éles el campo de batalla entre sus tendencias positivas y negativas…

Esta lucha perpetua se verifica, en todo buscador, según elprincipio de relatividad que gobierna las relaciones de diferentes niveles deenergía del hombre y del universo.

Pero entre estas líneas de fuerza del cuarto camino, lo quese afirma como primera instancia como absolutamente esencial de esta enseñanza,es que esta coloca delante del hombre, antes que nada la exigencia de una“comprensión” y que “el hombre no debe hacer nada sin entender”, y debeasegurarse por sí mismo de “la verdad que le es dicha”.

Esta exigencia primaria es una fuente de numerosasequivocaciones. Debemos regresar sin descanso al sentido que Gurdjieff daa esta necesidad imperiosa de una “comprensión vivida” en la cual el “ser”se desempeña internamente. Está lejos de la falsa exigencia del hombreordinario, que se arroga el derecho de reducir cada verdad al sistema deexplicación que gobierna los movimientos de su pensamiento asociativo.

Además, el acento está en el “hombre” en su búsquedaindividual de la conciencia y sobre “el trabajo” que es necesario hacer paraconocerse, para transformarse y realizarse completamente.

Aquellos que cuidan las tradiciones se apuran a denunciaruna tendencia al humanismo generador de las más nefastas desviaciones.

Al olvidar con frecuencia sus perspectivas cósmicas ymetafísicas se arriesga reducir “el trabajo” a una especie de búsquedapsicológica sin relevos, mientras en otros estimula los impulsos latentespseudo-místicos y sin contenidos reales.

UN LUGAR IMPORTANTE ESTÁ ENTONCES RESERVADO PORGURDJIEFF A LA MEDITACIÓN PROFUNDA Y AL SILENCIO, COMO REGRESO A LA FUENTEMISMA DE CADA CONOCIMIENTO. SE TRATA SEGURAMENTE DE UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL ENLA CUAL LA VISIÓN TEÓRICA INDISPENSABLE NO ESTÁ ARBITRARIAMENTE SEPARADA DE UNCONTACTO VIVIFICANTE CON LA EXPERIENCIA EN CURSO, COMO ELLA VIENE VIVIDA YEXPERIMENTADA.

El esquema que se manifiesta muy a menudo de una”búsqueda individual” demuestran la urgencia de una tareaimperiosa: “asimilar” lo esencial de las ideas, con la finalidad de nodesnaturalizarlas y de comprender cuanto antes la finalidad del maestro,principio de equilibrio sin el cual “el trabajo” no podría existir.

Esfuerzo de comprensión y verificación de las ideas, eso eslo que aparece con claridad en esta enseñanza: el crecimiento del “ser”requiere en efecto un conocimiento directo y un dominio gradual de losmovimientos de nuestra energía, en sus diversos planos de manifestaciones.

PERO EN DEFINITIVA LO QUE HAY DE ÚNICO Y DE INSUSTITUIBLE ENLA ENSEÑANZA DE GURDJIEFF, ES GURDJIEFF MISMO.

Nada más evidente, ciertamente, para quien vivió estaexperiencia cercana a él y se siente naturalmente, llamado a dar testimonio.

Algunos años después nos dejó para siempre.

Sin embargo… ¿cómo no sentir perpetuarse en nosotrossu intima presencia, como una fuente permanente del recuerdo de sí?

¿Qué hay que permite en la influencia del maestro, deperpetuarse una vez que él desaparece?

No es tanto una “ortodoxia” cuanto una forma depercepción heredada, con la que debería transparentarse cada choza al centro delas experiencias más intimas como al nivel de la existencia cotidiana.

Pero no tardamos en sentirnos desbordados por todas partes…y lo desconocido vuelve a prevalecer. Con el tiempo, estamos invitados apercibir este don como un enigma y como un desafío…

Eso es lo que no cesa de sugerirnos, bajo las más diversasformas en “cuentos de Belcebú a su nieto”. Primero “la recomendación benévola”,un preámbulo para el lector, seguida del “despertar del pensamiento” hasta las“conclusiones del autor”.

La aventura continúa en profundidad. Esta conserva ennosotros la evidencia de una permanencia secreta: “la conciencia” que nocesa de ofrecerse a nosotros. Para acogerla, para tomar parte en ella, paraconservarla y testimoniar, cuántos esfuerzos se han de intentar una y otra vez,cuántos “súper esfuerzos”…

ESTO ES LO QUE GURDJIEFF LLAMA: “EL TRABAJO”.

Henri Tracol
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