Filosofía y Religión de los hombres Nº 1, 2, 3 y 4. – Paulino M. Iñigo

publicado en: Cuarto Camino, Otros | 0

Hombre EquilibradoSalvo el Nº 4, no son libres, ni tienen consciencia ni voluntad propia, sino la impuesta vegetativamente por su cuerpo.

La filosofía y religión del hombre Nº 1.

Es la correspondiente al hombre fundamentalmente instintivo, que puede basarse, tanto en las apariencias de los fenómenos naturales meramente observables y convencionales, como conformarse sin fundamento de manera completamente caprichosa y fantasiosa. Corresponde a una preponderancia del primario sistema cerebral reptiliano.

La filosofía y religión del hombre Nº 2.

Es la propia del hombre fundamentalmente emocional y por ello es más idealista que racionalista. No hay excesiva preocupación por la contradicción o congruencia que ésta pueda tener respecto a los fenómenos naturales. Es completamente dualista puesto que separa la mente del cuerpo o las cosas del “cielo y la tierra” sin solución de continuidad. Corresponde a una preponderancia del hemisferio cerebral derecho y a las intuiciones o visiones que éste puede proporcionar por medio de la oración o la meditación-contemplación.

La filosofía y religión del hombre Nº 3.

Es la correspondiente al hombre básicamente intelectual, dualista y pragmático de corte cartesiano, aristotélico, kantiano o nietzcheano. Es una filosofía y religión muy limitada puesto que está basada en formalismos, especulaciones teóricas, puros convencionalismos y prejuicios intelectuales y científicos de su época. Representa la preponderancia del hemisferio cerebral izquierdo y su funcionalidad lógico-reduccionista.

Todas estas personas Nº 1, 2 y 3, así como sus filosofías y religiones, representan fundamentalmente un funcionamiento cerebral desequilibrado, prejuicioso, subjetivo y apenas unificado; que, por lo tanto, reacciona impuesta e instintiva, emocional o intelectualmente de modo preponderantemente conductista y tan automático como cualquier otra función cerebral de las llamadas convencionalmente vegetativas como la respiración, digestión, etc.

De tal modo, la persona no puede elegir ni dirigir libremente sus instintos, gustos o modos de pensamientos, e igualmente no puede dominarlos ni modificarlos significativamente. Por ello no tiene ni libertad, ni voluntad ni consciencia realmente personal sino impuesta por su cuerpo y circunstancias.

Así, su visceral filosofía, religiosidad, sensatez, vanidad, egoísmo, etc, permanecen y se imponen a su libertad y voluntad hoy como antaño, cambiando sus formas y apariencias, pero no su contenido esencial.

No hace falta, pues, ser muy perspicaz para comprender que durante el correr de los siglos no se puede traspasar esa barrera evolutiva de modo natural-vegetativo o automático por el simple vivir. Y ello es lógico, ya que la consciencia, voluntad y libertad no se pueden dar, transmitir o imponerse. Pues así como hay músculos involuntarios y otros mixtos que sí permiten su ejercitamiento por propia voluntad neuromuscular, como por ejemplo la respiración, igualmente tenemos que lo que llamamos convencional y erradamente libre voluntad, funciona siempre de modo automático y condicionado. Como lo demostró el Premio Nobel Roger Sperry, funciona de tal modo que cuando un hemisferio cerebral está muy activo, el otro está muy lento, sin ofrecer la necesaria interacción mutua que se traduciría en un contrapunto fusionado de regulación libre.

Pero tal situación vegetativa puede cambiar, ya que tenemos un cerebro que además de ser mixto o contradictorio, con dos hemisferios cerebrales opuestos, tiene capacidad y posibilidad de auto-regulación por medio del sistema Límbico – vía cuerpo calloso cerebral – que hace de conciliador de la emoción y la razón. Esto permite que la razón y la emoción puedan dominarse, modificarse y evolucionar libremente de modo conjunto y contrapunteado. Por lo tanto, a menos que se haga uso constante y adecuado de esta capacidad de auto-regulación, la persona no evoluciona de su condición Nº 1, 2, o 3 – que es vegetativa – hacia la 4, que no lo es. Y así continúa siendo creyente o atea, egoísta, vanidosa, etc, sin que pueda remediarlo significativamente.

La filosofía y religión del hombre Nº 4.

Sólo cuando un hombre se ha dado cuenta de que su lamentable situación emocional e intelectual es fundamentalmente vegetativa, por muy lúcida o erudita que sea, y comienza a comprender que su cerebro con gran esfuerzo podría llegar a funcionar de un modo más propio y libre, se enfrenta a la posibilidad real de dominar y modificar sus pensamientos y emociones. Entonces inicia el camino de su posible evolución personal, vertical o cualitativamente distinta a la del caminar coyuntural de los hombres Nº 1, 2 y 3. Empieza ahí el cambio hacia el Cuarto Camino o de su evolución personal.

Evolución personal posible pero muy difícil de alcanzar, por cuanto todo su sistema vegetativo conspira diariamente, de modo natural, instante tras instante, por retomar y mantener las riendas involuntarias tanto de su respiración, gustos, necesidades, y hasta hábitos genéticos, circunstancialmente vegetativos. Toda su naturaleza interna y externa conspira para que le sea desagradabilísimo y terriblemente dificultoso y somnoliento tomar las riendas que se imponen a las tendencias naturales de su naturaleza.

Así como el sueño nos vence todos los días, la actividad de nuestro estado de vigilia se realiza también de modo vegetativo todos los días sin que escapemos a este solapado modo de sueño. Siempre nos es más cómodo dejar que nuestro sistema vegetativo nos lo haga todo y hasta piense y decida por nosotros, que tomarnos el dificultoso trabajo de hacerlo al modo personal que he descrito. Es tal como ocurre en el sueño, en el que los ensueños se producen vegetativamente sin que la consciencia personal se dé cuenta que no está interviniendo para nada en ellos. Igualmente, cuando despertamos de nuestro sueño físico, todo lo que pensamos y sentimos nos es impuesto por nuestras vísceras sin que podamos contrariarlas.

¿Cuál es la filosofía y religión del hombre Nº 4?

No es fácilmente explicable ni comprensible para los hombres Nº 1, 2 y 3. Para ello se requiere una serie de prácticas intensas y estudios apropiados. No es transferible, como lo puedan ser las matemáticas u otras ciencias. El hombre Nº 4, no nace sino que se hace. Un Einstein o un Mozart, o un místico, ya nacen con su genialidad en bruto, pero no un hombre Nº 4. Ya que tiene que construirse por su propio esfuerzo, siempre que sea guiado por la ayuda adecuada.

No olviden el concepto que diferencia y define la inteligencia, con su razón y emoción libre y voluntaria, de la corporal vegetativa que se nos impone.

La inteligencia libre, consciente y voluntaria, es la capaz de superar el egoísmo, vanidad, etc., y de conciliar el punto de vista contradictorio de nuestra razón respecto a nuestra emoción e intuición; o la funcionalidad del hemisferio izquierdo y el derecho, que son contradictorios.

Alguien puede pensar que su razón y emoción no están en contradicción y que, por lo tanto, es un individuo relativamente unificado, autorregulado y libre con voluntad propia y capacidad propia de elección. Pues entonces que examine si no es egoísta, vanidoso, vicioso, etc. O si su ciencia convencional altamente desarrollada, le dice lo mismo que su emocionalidad analógica, intuitiva, contemplativa, lograda por cientos de horas de meditación. Entonces verá que su ciencia le dice que no hay Dios ni ética universal demostrable por el intelecto. Y a su vez verá que su hemisferio derecho – analógico, meditador, contemplador – le estará diciendo que sí existe Dios, ética universal, amor universal. Y aun entonces, le quedará pendiente el esfuerzo de ponerse de acuerdo en esa propia disparidad cognitiva.

Esta contradicción inter-hemisférica es así, aunque a alguien le pueda parecer lo contrario, debido a que un hemisferio nos permite conocer las cosas por fuera, y por el contrario, el otro nos permite conocer como son las cosas por dentro y su conexión interdependiente subyacente. Por ello sus puntos de vista y emociones parecen del todo incompatibles. A menos que, de modo no natural y no propiciado por los dos hemisferios, se utilice una tercera función cerebral que haga de Conciliador de tal par de opuestos cognitivos. Esta es la desempeñada por el sistema límbico, la parte del hipocampo y cuerpo calloso, pues son susceptibles de crecimiento y auto adaptación constante.

Un requisito para poder lograr esto, es el hacer funcionar al cerebro en estado de auto-observación, en el que el Observador, además de observar, se observa a sí mismo de modo constante. Esto detiene el funcionamiento naturalmente vegetativo y el discurrir e imaginar intelectual y emocional del cerebro, el que se encuentra así en un estado fusionado o híbrido, entre el estado de meditación y el de no meditación o normal. Tal estado, a la larga, reconfigura el hipocampo y cuerpo calloso para que funcionen con posibilidad de regulación inter-hemisférica cerebral.

Porque no sólo es necesario desarrollar el intelecto y la meditación/contemplación sino más importante o imprescindible, la fusión o superposición coherente de ambos opuestos que nos dice a la vez como son las cosas por dentro y por fuera.

Paulino M. Iñigo

Compartir:

Dejar una opinión

*