LA DIFERENCIA ENTRE SENSACIÓN Y SENTIMIENTO – (G.I. Gurdjieff)

publicado en: Cuarto Camino, G.I.Gurdjieff | 0

gurdjieff-2

Ahora estoy sentado aquí. Soy totalmente incapaz de recordarme a mí mismo y no tengo la menor idea de ello. Sin embargo he oído hablar de esto. Un amigo mío me demostró hoy que sí, que es posible.

Luego reflexioné y quedé convencido de que si pudiera recordarme a mí mismo por suficiente tiempo, cometería menos errores y haría más cosas deseables.

Ahora quiero recordarme, pero cada murmullo, cada persona, cada ruido, distrae mi atención, y me olvido.

Frente a mí hay una hoja de papel en la que lo escribí deliberadamente, con el fin de que el papel me sirviera de shock para recordarme a mí mismo. Pero el papel no me ha ayudado.

Mientras mi atención está concentrada en el papel, me acuerdo. Tan pronto como mi atención se distrae, miro el papel, pero no puedo recordarme a mí mismo.

Trato de otra manera. Me repito: “Quiero recordarme a mí mismo”. Pero esto tampoco ayuda.

En ciertos momentos me doy cuenta de que lo estoy repitiendo mecánicamente, pero mi atención no está ahí.

Trato en todas las formas. Así, me siento y trato de asociar ciertas incomodidades físicas con el recuerdo de sí. Por ejemplo, un callo me duele, pero el callo me ayuda sólo por poco tiempo; luego empiezo a sentir este callo de una manera meramente mecánica.

Sin embargo, trato por todos los medios posibles, porque tengo un gran deseo de lograr recordarme a mí mismo.

Para saber cómo proceder, me interesaría saber ¿quién ha pensado como yo, y quién lo ha intentado de manera similar?

Supongamos que todavía no he intentado de esta manera. Supongamos que hasta ahora siempre lo he tratado directamente por medio de la mente. Todavía no he intentado crear en mí asociaciones de otra naturaleza, asociaciones que no sean solamente las del centro intelectual. Quiero intentar; quizás el resultado sea mejor; quizá comprenda más rápidamente la posibilidad de algo diferente.

Quiero recordarme; en este momento me recuerdo. Me recuerdo por medio de mi mente. Me pregunto: ¿Me recuerdo también por medio de la sensación? De hecho descubro que por medio de la sensación, no me recuerdo a mí mismo.

¿Cuál es la diferencia entre sensación y sentimiento?

¿Todos la comprenden?

Por ejemplo, estoy sentado aquí. Debido a esta postura desacostumbrada, mis músculos están excepcionalmente tensos. Generalmente no tengo sensación de mis músculos en la postura establecida por la costumbre. Como todos los demás, tengo un número limitado de posturas, pero ahora me he puesto en una que es nueva y desusada. Tengo una sensación de mi cuerpo: si no del todo, por lo menos de algunas de sus partes; de calor, de la circulación de la sangre.

Sentado así, siento que detrás de mí hay una estufa caliente. Ya que hay calor atrás y frío adelante, hay una gran diferencia en el aire, de modo que nunca dejo de tener sensación de mí mismo, gracias a este contraste exterior del aire.

Esta noche comí conejo. En vista de que el conejo y el haburchubur estaban muy sabrosos, comí demasiado. Siento mi estómago y que mi respiración es excepcionalmente pesada.

Tengo sensación todo el tiempo.

Acabo de preparar un plato con A. y lo puse en el horno. Mientras lo preparaba me acordé de cómo solía hacerlo mi madre. Me acordé de mi madre y de ciertos momentos relacionados con esto. Este recuerdo provocó un sentimiento de mí; siento estos momentos, y el sentimiento no me deja.

Miro ahora esta lámpara. Cuando todavía no había luz en el “Study House”, pensé que necesitaba precisamente esta clase de luz. En aquel entonces hice un plano de lo que se requería para obtener esta clase de iluminación. Se hizo, y éste es el resultado. Cuando se prendió la luz y la vi, tuve un sentimiento de autosatisfacción; y este sentimiento, provocado entonces, continúa; yo siento esta autosatisfacción.

Hace un momento regresaba del baño turco. Estaba oscuro y como no podía ver frente a mí, tropecé con un árbol. Recordé por asociación cómo en cierta ocasión caminaba en una oscuridad similar y tropecé con un hombre. Recibí el impacto de este choque en mi pecho, me descontrolé y le pegué al desconocido con quien había tropezado. Más tarde me di cuenta de que el hombre no tenía la culpa; sin embargo, le había pegado de tal manera que perdió varios dientes. En ese momento no se me ocurrió que el hombre con quien tropecé fuera inocente, pero después cuando me calmé, comprendí. Luego, cuando vi a ese inocente en la calle con su cara desfigurada, sentí tanta pena por él que cuando lo recuerdo ahora, experimento el mismo remordimiento de conciencia que sentí entonces. Y hace poco, cuando tropecé con el árbol, otra vez cobró vida en mí este sentimiento. Nuevamente vi frente a mí la cara maltratada e infeliz de este buen hombre.

 

Les he dado ejemplos de seis diferentes estados interiores. Tres de ellos se relacionan con el centro motor y tres con el centro emocional. En el lenguaje ordinario, los seis son llamados sentimientos. Sin embargo, si clasificáramos correctamente, aquellos cuya naturaleza está conectada con el centro motor deberían ser llamadas sensaciones, y aquellos cuya naturaleza está conectada con el centro emocional, sentimientos. Hay miles de sensaciones diferentes que por lo general se llaman sentimientos. Todas son diferentes, su material es diferente, sus efectos diferentes y sus causas diferentes.

Examinándolas más de cerca, podemos establecer su naturaleza y darles nombres correspondientes. Muchas veces son de naturalezas tan diferentes que no tienen absolutamente nada en común. Unas se originan en un lugar, otras en otro. A algunas personas les falta un lugar de origen (de una determinada clase de sensación); a otras puede faltarles otro lugar de origen. En otras aun, todos pueden estar presentes.

Llegará el momento en que intentaremos desconectar artificialmente una, o dos, o varias juntas, para conocer su verdadera naturaleza.

Por ahora, debemos tener noción de dos experiencias diferentes, a una de las cuales acordaremos llamar “sentimiento” y a la otra “sensación”. Llamaremos “sentimiento” a aquella cuyo lugar de origen es lo que llamamos el centro emocional, mientras que las “sensaciones” serán los así llamados sentimientos cuyo lugar de origen es lo que llamamos el centro motor.

Ahora bien, por supuesto, cada uno tiene que comprender y examinar sus sensaciones y sus sentimientos y conocer aproximadamente la diferencia entre ellos.

Para los ejercicios primarios del recuerdo de sí, se necesita la participación de los tres centros, y hemos empezado a hablar de la diferencia entre sentimientos y sensaciones, porque es necesario tener simultáneamente tanto sentimiento como sensación.

Podemos acercamos a este ejercicio sólo con la participación del pensamiento. La primera cosa es el pensamiento. Ya sabemos esto. Deseamos, queremos; por lo tanto nuestros pensamientos se pueden adaptar más o menos fácilmente a este trabajo, porque ya tenemos una experiencia práctica de ellos.

Al principio los tres tienen que ser evocados artificialmente. En el caso de nuestros pensamientos, los medios para evocarlos artificialmente son conversaciones, lecturas, etc. Por ejemplo: si no se dice nada, nada es evocado. Lecturas, conferencias, han servido como un shock artificial. Lo llamo artificial porque no nací con estos deseos, ellos no son naturales, no son una necesidad orgánica. Estos deseos son artificiales, y sus consecuencias serán igualmente artificiales.

Y si los pensamientos son artificiales, entonces puedo crear en mí, para este fin, sensaciones que también son artificiales.

Repito: las cosas artificiales son necesarias solamente al principio. No podemos alcanzar artificialmente la plenitud de lo que deseamos, pero al principio este medio es necesario.

Tomo lo más fácil y simple; quiero empezar tratando con lo que es más simple. En mis pensamientos ya tengo un número determinado de asociaciones para el recuerdo de sí, ante todo gracias al hecho de que aquí tenemos condiciones apropiadas y un lugar apropiado, y estamos rodeados de gente que tiene las mismas metas. Debido a todo esto, además de las asociaciones que ya tengo, continuaré formando otras nuevas. Por consiguiente, estoy más o menos asegurado de que por este lado tendré recordatorios y shocks, y por lo tanto prestaré poca atención a los pensamientos, y me ocuparé principalmente de las otras partes y consagraré todo mi tiempo a ellas.

Para empezar, la sensación más sencilla y accesible puede ser alcanzada mediante posturas incómodas. Ahora estoy sentado como nunca antes. Durante un tiempo está bien, pero luego surge un dolor, y una sensación extraña y desacostumbrada comienza en mis piernas. En primer lugar estoy convencido de que el dolor no es dañino y que no tendrá malas consecuencias, sino que sencillamente es una sensación desacostumbrada y por lo tanto desagradable.

Para comprender mejor las sensaciones de las que voy a hablar, creo que sería mejor que, desde este momento, todos ustedes asumieran alguna postura incómoda.

Todo el tiempo tengo deseos de cambiar de postura, de mover mis piernas para cambiar de posición incómoda. Pero por el momento he emprendido la tarea de soportarla, de mantener un “stop” en todo mi cuerpo excepto la cabeza.

Por el momento deseo olvidarme del recuerdo de sí. Ahora quiero temporalmente concentrar toda mi atención, todos mis pensamientos, en no permitirme automáticamente, inconscientemente, cambiar mi postura.

Dirijamos nuestra atención a lo siguiente: Primero empiezan a doler las piernas, luego esta sensación comienza a subir más y más, de modo que la región de dolor se amplía. Dejemos que la atención pase a la espalda. ¿Hay un lugar donde se localiza una sensación especial?

Sólo puede sentir esto quien de hecho ha asumido una postura incómoda, desacostumbrada.

Ahora, cuando ya ha resultado una sensación desagradable en el cuerpo, especialmente en ciertos lugares, comienzo a pensar en mi mente: “Yo quiero. Quiero mucho ser capaz de recogerme a menudo para acordarme que es necesario recordarme a mí mismo. ¡Yo quiero!

Tú: es yo mismo, es mi cuerpo.” Digo a mi cuerpo: “Tú; tú yo. Tú eres también yo. ¡Yo quiero!”

Estas sensaciones que mi cuerpo está experimentando ahora —y toda sensación semejante— quiero que me hagan acordar. “¡Yo quiero! Tú eres yo. ¡Yo quiero! Quiero acordarme, tan a menudo como me sea posible, que quiero recordar, que quiero recordarme a mí mismo.”

Mis piernas se han dormido. Me levanto.

“Yo quiero recordar.”

Que aquellos que también lo quieran, se levanten.

“Quiero recordar con frecuencia.”

Todas estas sensaciones me ayudarán a recordar.

Ahora nuestras sensaciones empezarán a cambiar en diferentes grados. Que cada grado, que cada cambio en estas sensaciones me recuerde el recordarme a mí mismo. Piensen, caminen; caminen y piensen. Mi estado incómodo ahora ha desaparecido.

Asumo otra posición.

Primero: Yo, Segundo: quiero, Tercero: recordarme, Cuarto: a mí mismo. Yo — sencillamente “yo” mentalmente. Quiero — yo siento.

Recuerden ahora las vibraciones que ocurren en sus cuerpos cuando ustedes se fijan una tarea para el día siguiente. Una sensación similar a la que ocurrirá mañana cuando estén efectuando su tarea, debería ocurrir ahora en ustedes en menor grado. Quiero recordar la sensación. Por ejemplo, quiero ir a acostarme. Experimento una sensación agradable conjuntamente con mi pensamiento sobre ello. En este momento, experimento, en menor grado, esta sensación agradable en mi cuerpo entero. Si se presta atención, es posible ver claramente esta vibración en uno mismo. Para esto, hay que estar atento a los tipos de sensaciones que surgen en el cuerpo. En el momento presente necesitamos comprender el sabor de la sensación del querer mental.

Cuando ustedes pronuncien estos cuatro términos —”Yo quiero recordarme a mí mismo”— quiero que experimenten lo que voy a decir.

Cuando ustedes pronuncien la palabra “yo”, tendrán una sensación puramente subjetiva en la cabeza, en el pecho, en la espalda, de acuerdo con el estado en el que estén en ese momento.

No debo pronunciar “yo” sólo mecánicamente, como una palabra, sino que debo registrar en mí su resonancia. Esto significa que al decir “yo”, ustedes deben escuchar cuidadosamente la sensación interna y vigilar de manera que jamás pronuncien la palabra “yo” automáticamente, no importa cuán a menudo la digan.

La segunda palabra es “quiero”. Tengan sensación con todo su cuerpo de la vibración que ocurre en ustedes.

“Recordarme”. En cada hombre, cuando se recuerda, hay un proceso apenas perceptible en medio de su pecho.

“A mí mismo”. Cuando digo “mí mismo”, quiero decir la totalidad de mí mismo. Por lo general, cuando pronuncio las palabras “mí mismo”, habitualmente me estoy refiriendo ya sea al pensamiento, o al sentimiento, o al cuerpo. Ahora debemos tomar en cuenta la totalidad, la atmósfera, el cuerpo y todo lo que pasa dentro de él.

 

Cada uno de los cuatro términos, por sí mismo, tiene su propia naturaleza y su propio lugar de resonancia.

Si los cuatro términos resonaran todos en un único y mismo lugar, nunca sería posible que los cuatro resonaran con igual intensidad. Nuestros centros son como acumuladores de los que fluye una corriente durante cierto tiempo si se oprime un botón. Luego se detiene y hay que soltar el botón para permitir al acumulador que se recargue de electricidad.

Pero en nuestros centros el gasto de energía es todavía más rápido que en un acumulador. Para que nuestros centros, que producen una resonancia cuando pronunciamos cada una de las cuatro palabras, sean capaces de responder, hay que darles reposo por turnos. Cada timbre posee su propia batería. Mientras digo “yo”, un timbre responde; “quiero”, otro timbre; “recordarme”, un tercer timbre; “a mí mismo”, el timbre general.

Hace algún tiempo se dijo que cada centro tiene su propio acumulador. Al mismo tiempo, nuestra máquina tiene un acumulador general, independiente de los acumuladores que pertenecen a los centros. Se genera la energía en este acumulador general solamente cuando todos los acumuladores trabajan uno después de otro en una combinación determinada. Por este medio se carga el acumulador general. En este caso, el acumulador general se vuelve un acumulador en todo el sentido de la palabra, ya que la energía de reserva es acumulada y almacenada allí durante los momentos en que cierta energía no está gastada.

Una característica común a todos nosotros consiste en que los acumuladores de nuestros centros se vuelven a llenar de energía sólo en la medida en que ésta es consumida, de manera que ninguna energía permanece en ellos más allá de la cantidad gastada.

El prolongar la memoria del recuerdo de sí es posible al hacer que la energía almacenada en nosotros dure más, si es que somos capaces de fabricar una reserva de esta energía.

(ext. “Prieure. 20 de Enero”, 1923. “Perspectivas desde el mundo real”, G.I. Gurdjieff)
Compartir:

Dejar una opinión

*