La Vida como Gimnasia – A. R. Orage

publicado en: A.R. Orage, Cuarto Camino | 0

A.R. Orage 1En una y mil frases indicamos la importancia de la “actitud correcta”: “lo tomé con la actitud correcta”; “su actitud no estuvo bien”; “tendrás que cambiar tu actitud si quieres lograrlo”; “la actitud adecuada”, y todo eso. ¿Qué queremos decir con “actitud”? Nos referimos al estado general de una persona respecto a algo o, más bien, a su estado emocional al apreciarlo. Si ella siente suspicacia, su actitud es de recelo. Si siente miedo, afecto, confianza, esperanza, su actitud es correspondiente a sus estados internos. Cualquiera sea la emoción u opinión producida por el objeto, la actitud es determinada por ella.

¿Podemos cambiar nuestra actitud hacia las cosas? Es obvio que nuestra actitud puede ser cambiada por nosotros según las circunstancias. De hecho, respecto de la mayoría de los objetos y personas nuestras actitudes cambian casi todos los días. Un día estamos así y así y nos disponemos, consecuentemente, a actuar asá y asá; pero al día siguiente, debido a alguna causa externa o interna, nuestra actitud ha cambiado y somos fríos donde éramos cálidos. La observación de nosotros mismos mostrará con facilidad cuán infinitamente cambiantes somos en nuestras actitudes, esto es, en nuestras respuestas emocionales a las cosas. Pero la cuestión es: ¿podemos cambiar nuestra actitud voluntariamente, a nuestro propio arbitrio, sin el estímulo de un cambio en el objeto? Si pudiéramos hacerlo, estaríamos en la senda de convertirnos en maestros de nuestro propio destino, ya que las circunstancias pueden afectarnos sólo si somos proclives a ello. Si puedo adoptar cualquier actitud que escoja – esto es, tener cualquier emoción que quiera – entonces cualquier cosa que eventualmente suceda es igual para mí. Puedo sentir acerca de ello como me plazca.

Semejante dominio está muy lejano para la mayoría de nosotros; pero no hay duda de que podemos empezar a alcanzarlo. Por ejemplo, cuando nos encontramos en una actitud frente a frente con una situación o persona, que es muy dolorosa como para continuar, tratamos de cambiar el objeto, y, fallando esto, cambiamos nuestro estado en relación a él. La fábula del zorro y las uvas es aplicable aquí. Habiendo tratado en vano de obtener las uvas, el zorro se convence a sí mismo que no estaban maduras. Al imaginarse las uvas ácidas, el zorro indujo una emoción diferente, o una actitud en sí mismo. Dejó de percibir las uvas en la forma apetitosa que las había percibido anteriormente. La conclusión práctica a inferir es que la imaginación es la manera por la cual nuestra actitud puede ser controlada. Nuestras emociones son evocadas por nuestra imaginación; y en la medida que ella esté bajo nuestro control, nuestras emociones y actitudes también los estarán.

Es claro que la actitud dominante de nuestras vidas es nuestra actitud o respuesta emocional hacia la vida misma. Esto colorea todo. Como vulgarmente decimos, algunos “ven todo color de rosa”, y otros tienen “una lúgubre visión” de la vida. Otros aún tienen una actitud seria, o atolondrada, o religiosa, o deportiva. Hay tantas actitudes como personas, aunque todas pueden reducirse a un número definido o a grupos. Y en cada caso su actitud dominante determina todas las otras actitudes subordinadas. Por ejemplo, si su actitud característica hacia la vida es sombría, aún sus estados de ánimo pasajeros de alborozo serán afectados; ellos serán, muy probablemente, intensos y breves. 0 si su actitud dominante es festiva y despreocupada, sus momentos de depresión pueden ser profundos pero fugaces. Prácticamente toda doctrina, religiosa o seglar, y toda enseñanza, institucional o personal, tiene por objetivo la inducción de un cambio en la actitud hacia la vida. Igualmente, la mayoría de los sistemas de terapia, incluyendo la Ciencia Cristiana y el Psicoanálisis, apuntan consciente o inconscientemente a producir un cambio medular – o de actitud – en sus prosélitos o pacientes. Así, todo el énfasis ha sido colocado en los efectos sobre el organismo como una totalidad, por lo que todo método que apunte al mejoramiento de la persona debe comenzar por corregir la actitud hacía la vida.

Hemos visto que la actitud es condicionada por la imaginación. Lo que usted imagine que una cosa es, necesariamente tiene que sentirla así. Si se imagina que una cuerda enrollada sobre el camino es una serpiente, sentirá y actuará de acuerdo a ello. Cuando descubra su error, y tenga una visión acertada de la cuerda, su actitud emocional cambiará.

¿Cómo es nuestra imaginación en la vida? ¿Cómo tomamos las cosas? Para nosotros, ¿es una cuerda enrollada o una serpiente? Puede resultar imposible el saber, sin estar sujeto a error, lo que la vida es; pero en tal caso, somos libres de imaginar que ella es lo que nos plazca; y es sólo sentido común imaginarla como algo útil. Todos los sistemas religiosos y similares pretenden inducir en nosotros una actitud útil hacia la vida; esto es, una actitud en la cual actuemos libre y útilmente para con nosotros mismos o alguien más. Algunas religiones y sistemas intentan inducir una actitud de sumisión hacia la vida, con el propósito de hacer uso de nosotros para su propio provecho. Otros – muy pocos – intentan provocar una actitud activa o creativa en nosotros para comprometernos a una cooperación voluntaria. Y todos ellos proceden igualmente con un método común, cambiando nuestra imaginación acerca de la vida.

Podemos nombrar algunos cuadros típicos, cada uno de los cuales al ser recordado, nos inspira o hace evocar sus propias emociones y consecuente conducta. Existe el cuadro “Puritano”, que representa la vida como un estricto y estrecho colegio. Esto evoca la actitud del nervioso escolar en constante presencia del severo maestro. Otro es el cuadro ” Pagano” de la vida, como una orgía de dioses griegos invitando a los hombres a beber y festejar con ellos. La visión “Seria” de la vida imagina a “Dios” luchando con unas casi impotentes fuerzas por la redención de la materia. La emoción o actitud evocada es del tipo de “ayudando al pobre Padre”. La visión “Científica” aprecia la vida como un mecanismo insignificante que no va a ninguna parte. La visión “Estética” estima la vida como un artista, produciendo y exhibiendo obras de arte, con el hombre como su espectador apreciativo. Y así, cada visión es diseñada para evocar una actitud o respuesta emocional útil para alguien u otros, ya sean los predicadores o sus congregaciones.

Puede ser que cada visión, a su tiempo, sea útil; pero, para la mayoría de nosotros, en los tiempos actuales, la imagen de la vida como un gimnasio es un tónico muy necesario. Compare la diferencia en su actitud – respuesta emocional – al entrar a un gimnasio respecto de entrar en, digamos, un cabaret, un salón de conferencias, o una casa en duelo. Trate de darse cuenta de cómo realmente se siente. En un gimnasio usted está motivado por la intención de fortalecerse, disfrutando las dificultades que usted mismo elige afrontar. Se va sintiendo cada vez más vigoroso y eficaz. La concepción griega clásica de la vida era exactamente esa. Todo el mundo sabe que el Gimnasio, con sus conferencias y discusiones tanto como por el ejercicio físico, fue la institución más popular de la Grecia Pitagórica. Lo que no es tan bien conocido es que para los griegos el Gimnasio fue un símbolo de la vida por sí mismo. Sus dioses manejaban este planeta como un gimnasio para el ejercicio de los hombres, y todas las experiencias debían ser consideradas como movimientos, jugadas, intervalos, luchas, carreras, competencias, etc. Los modernos encontrarán lo que los antiguos encontraron en esta imagen de la vida: la evocación de una emoción creativa.

Es difícil ver en qué otra dirección nosotros los modernos podemos buscar una nueva imagen y consecuente actitud hacia la vida. No tenemos muchas posibilidades en la religión en su forma tradicional. La bondad habitual – en el sentido de hacer lo que otros llaman bueno – no es un llamado a la inteligencia. Ahora, después de las sucesivas guerras, la fe en el progreso del mundo es superstición. Pero la limpia y fuerte idea de la vida como un campo de ejercicios para el desarrollo de todos nuestros músculos – físicos, emocionales, intelectuales – tiene aún la incorruptible cualidad de un idealismo apto tanto para el hombre como para la mujer. Y una vida vivida en esa actitud tendría que ser tan interesante como provechosa.

A. R. Orage
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